viernes, 19 de enero de 2018

La Fornarina Parte III

-Llegó la hora de que me muestres tal como tu me ves, quiero verme en un lienzo, imaginada por tus ojos y con el deseo que me inunda ahora. 

Como él la estaba mirando absorto tras los cristales redondos de sus gafas redondas, alargó su mano y arrastró las suyas, le hizo palpar sus senos y su vientre, echó la cabeza hacia atrás en un gesto instintivo, con el pelo suelto sobre los hombros.
El aspiraba el silencio, disfrutaba del suave aroma a rosas que ella exhalaba, de los temblores solo detectados por las yemas de sus dedos viajeros de su piel, mientras ella lo miraba voluptuosamente.

-Venga se valiente, ahora di que no puedes pintar a la mujer que ya has creado en tu mente. Muéstrame a mi misma tal como tu me ves, tal como me percibes. 

Se habían visto unos cuantos días después del embarazoso incidente del museo y luego de haber tiznado sus muslos con la tiza azul de sus bocetos, cerró los ojos y deslizó las manos por las curvas y los planos de su cuerpo, fluyendo en un viaje por sus poros, la tibieza de su piel, sus brazos, sus muslos, como un ciego ávido de comprobar con el tacto las imágenes, pero ella se desasió no con demasiado ímpetu, a pesar de que estaba desbordada por el deseo que le comía lentamente las entrañas. Su voz sonó mas grave y lenta de lo habitual.

-Nada de caricias, primero el esbozo ¡Empieza! 

-Necesito un tiempo de inspiración.

-No lo necesitas en absoluto, extrae de tu deseo, aquel impulso que te hace crear como solo tu sabes, seduce al papel, 

Laura alargó la mano y le pasó el dedo índice por el cuello lentamente.

-Acaricia la tiza como si fuera mi piel.

El cerró los ojos y tomó la tiza en lo que pareció un gruñido de impaciencia.

-Eres maldita, arpía, cruel e impaciente estás jugando con mis sentimientos.

-Así es, pero tú dibuja y calla

Le besó el lóbulo de la oreja y luego lo mordió suavemente, la fiebre fue repentina, al chico le fallaron las piernas, se sentó sobe sus talones delante de ella con su cuaderno en una mano y en la otra una tiza azul que le manchaba los dedos, primero la atravesó con la mirada, calculando sus proporciones para encajarla en la lámina, por fin empezó a dibujar su manos se movían ligeras sobre el papel, solo se oía el chasquido característico de la tiza sobre la hoja y las rectificaciones con el dedo.
Sus ojos volaban de la página al modelo, su cuerpo quedó plasmado a fuego en su alma, los gestos se volvieron vehementes, su cara enrojeció y el corazón empezó a martillearle el pecho, la excitación sexual se incrementaba exponencialmente mientras apretaba la tiza entre los dedos y la deslizaba sobre el papel a un ritmo, cargado de voluptosidad, mirándola, estudiándola, recreándola, deseándola.

-Quieta, mírame de frente, no respires tan fuerte.

-No puedo contenerme... ¡Me tienes a a mil! 

Sensualidad latente, meras intuiciones, la mente le recordaba esa  piel cálida y tersa, bajo el fino pañuelo de seda que apenas podía disimular sus formas, parecía ahora una Venus ejerciendo el poder imparable de su erotismo, notaba como la sangre fluía vertiginosamente por todo el cuerpo, ardía la mano que sostenía la tiza oprimiéndola con tanta fuerza que la partió en dos, arrojó al suelo los trozos de tiza y el dibujo, se irguió sobre las rodillas, abrazó a Laura por el talle, notó como se estremecía, sus labios acariciaron la piel del escote resiguiendo la curva de sus cálidas y turgentes tetas por el borde de la seda......


Aquella noche no pudo acabar el boceto.