sábado, 18 de junio de 2011


Un tanteo un diálogo de película, las metáforas puestas al servicio de la mente y de los sentidos de una manera muy poco usual.

Un galán Sean Connery, una dama aristocrática de buen ver, el anciano marido de ésta, que anda en la mas absoluta inopia y un fragmento con una conversación de evidente doble sentido.

Inteligentes metáforas y muy habilidosas. Hay que colocarse en la Inglaterra victoriana, acostumbrados como estamos a sus enigmas detectivescos, a su insultante corrección y a los exabruptos violentos de Jack el Destripador, estos diálogos son un soplo de aire fresco y despiertan la imaginación aunque quizás sea un capricho del guionista, puesto que no encaja demasiado en el marco adecuado de esta película de acción.

The first great train robbery. Michael Crichton (1978).






PD. Para parar la música del blog y oír el diálogo, parar el navegador, darle a la crucecita roja ....

viernes, 10 de junio de 2011















video


Debo reconocer que soy un incondicional de Tim Burton.


Esta escena en la que un marciano toma el cuerpo de una mujer y seduce a un terrestre está llena de tópicos ridiculizados y a pesar de eso por el colorido y los movimientos vale la pena recrearse en ella.


Elegir de la actriz (Lisa Marie) versión terrestre o marciana .......

domingo, 5 de junio de 2011

No se que pasó, sin darme apenas cuenta, el sol dio paso perezosamente a la invasión de la negrura, creo que bebí demasiado, los líquidos rayos de luna se cuelan tímidos entre las rendijas como agua en una cesta de mimbre, no hay mas sonido que mis pasos esquivando las sombras de mi propios pensamientos, todo da vueltas en mi alrededor inmediato. Las paredes de mi habitación se ponen en marcha y me divierte que se pongan a dar vueltas, pongo música para no ser fagocitado por este silencio e intento alcanzar las paredes con mis dedos.
Me parece despegar y alcanzar el techo, hasta que los golpes de unos nudillos contra el cristal me devuelven al suelo en suave aterrizaje, en el hueco de la puerta abierta, unas curvas de mujer envuelta en una oscura capa, detalles ocultos por el efecto del contraluz que provoca el claro de luna, un perfil que apenas puedo distinguir.

En aquel momento un destello grisáceo azulado me dejó ver unos labios rojos, inertes, tranquilos en medio de aquella obscuridad no muy severa.



Pensé que era la misma noche en persona que había venido a hacerme compañía, la hice pasar, debo confesar que mi pensamiento estaba ahogado entre las sombras, sentí un escalofrío que me recorrió la espalda, la piel de aquella mujer semioculta con aquellos rayos fugitivos resaltaba y brillaba como una alhaja, era como el filo de un arma dormida y temible a la que no podía resistirme.

Ahora recién levantado, apenas puedo recordar mi piel totalmente erizada y una presencia que llenaba toda la habitación, unas manos deliciosamente suaves atrapando mi cuello y unos turgentes senos apoyados en mi pecho, una sensación muy diferente a lo que había experimentado hasta ahora. Un tacto muy caliente y lleno de anhelo interno, como la lujuria se adueñaba brutalmente de mi cuerpo y como empecé a tener deseos ocultos de penetrarla salvajemente por todos los orificios de su cuerpo.


Una lengua deliciosamente suave y carnal recorría magistralmente mi cuerpo dejando tras de si un reguero con sabor a miel y canela, el dibujo de sus pezones enhiestos, hacían retorcer de placer mis músculos a su paso. De repente empezaron las convulsiones, su cuerpo comenzó a estremecerse, se palpaba la tensión previa al estallido de un volcán, sentía como si las piedras derretidas por el fuego la hicieran arder por dentro entre oleadas incontroladas de placer.

Noté como mi boxer fue literalmente arrancado, de un solo tirón con fuerza desproporcionada a aquella dama, el sonido de la tela rasgada invadió aquel silencio. Solo se que excitadísimo, no podía soportar tanto placer. Esa lengua empezó a lamer mi ingle, el interior de mis muslos, mi entrepierna, no podía creer el tamaño que había alcanzado mi propio pene, exageradamente humedecido como si quisiera mitigar el fuego que me corroía por dentro y por fuera, los lengüetazos hacían que ardiera por dentro, solo podía articular gemidos pues esa lengua se introducía no se como en mis poros y hurgaba en todas mis terminaciones nerviosas, tendones y articulaciones ya no respondían a ninguna de mis órdenes, cuando mi falo penetró en su cueva, las paredes de su recinto se abrían a su paso, pero oponiendo tal fuerza trás la brutal entrada que se cerraban sobre él de modo que aún provocaban que aumentase la hinchazon de las venas, en cada embestida se juntaban las caderas en un delicioso choque de trenes, los abdómenes se juntaban escasos deliciosos segundos, el conjunto de mi cuerpo se rebeló al unísono arrancando de mi interior un orgasmo bestial, fue una extraña eyaculación pues sentí el semen abrasando todo el recorrido de su paso para salir con una potencia nunca sentida, como la explosión de un géiser repleto de agua hirviendo.

Naturalmente todo aquel que esté en su sano juicio pensará que todo fue un sueño provocado por una exagerada ingesta de alcohol, confieso que yo mismo también pensé eso, pero esta mañana mi dormitorio estaba impregnado de un profundo olor a azufre y unas quemaduras en las sábanas me confundieron todavía mas.
Mis amigos mas comprensivos me dijeron que no me preocupara, sin duda me había intoxicado con el marisco de la cena ....

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