lunes, 10 de abril de 2017

Maldita bici

Despues de pasar toda la mañana en la playa, cogiendo conchas, haciendo snorkel hasta agotarnos y recuperando la temperatura robada por el agua cristalina, retozando entre la arena, blanca como nacar molido, horas juntos que pasaban volando hasta la hora de comer.

Otras veces saltabamos desde las rocas en trampolines improvisados, siempre se tiraba ella primero y se reía mientras me lo pensaba

-¡Vamos gallina! 

Luego por la tarde nos juntabamos con mi hermana y el suyo y jugabamos al tenis en una pista de hierba improvisada con dos cuerdas atadas a dos árboles, al final siempre con una excusa, saltabamos la cuerda y empezabamos una batalla, ella se colgaba del cuello y dejaba todo su peso hasta que los dos rodabamos entre las flores, cuando con su contacto yo me azoraba, entonces explotaban sus risas sinceras y me apretaba mas.   


La rutina siempre era la misma, antes de ponerse el sol me pedía que la llevase en bici a su apartamento, cosa que por un lado me encantaba pero por otro odiaba por sus peligrosas ocurrencias, se sentaba delante en el manillar o en la barra con las 2 piernas hacia fuera y se cogía a mis antebrazos, pero luego se soltaba y extendía los brazos en cruz y se ponía a gritar:

- ¡Mira como el Titanic, soy la Winslet!
- ¡Igualita, pero cógete al manillar anda que nos vamos a matar!

Entonces ibamos descontrolados sin ningún tipo de equilibrio hasta que decidía volverse a coger al manillar e ibamos hablando despreocupados, de repente me decía:

- ¿Venga no puedes ir mas rápido? ¿Quieres que pedalee yo?

Yo caía en la trampa y aceleraba, entonces ella se reclinaba sobre el pecho y apoyaba su cara sobre mi pecho y yo no podía disimular la fuerza de mi respiración, mitad por el esfuerzo, mitad por su espalda apoyada sobre mi pecho. Entonces ella me miraba encendía sus ojos y ponía su sonrisa mas pícara.

- ¿Por qué resoplas así acaso te gusto un poquito?
- No te creas me gustas lo normal, lo que pasa es que pesas mucho. 

Entonces se callaba enigmáticamente pero yo sabía que estaba totalmente picada. Aquella soleada tarde de agosto era especialmente calurosa y mi camiseta enseguida se empapó por el sudor.
Me miró desde su posición y bajando la voz me dijo.

- Estas muy sudado ¡Quítate la camiseta anda! que me estas mojando la mía.

Ella llevaba una camiseta negra, su color preferido con mi sudor se la había mojado también. Pero me di cuenta de una cosa, ella también respiraba con dificultad y cosa curiosa parecía concentrada no sonreía como siempre.

Paramos entre unos árboles, me quité la camiseta y ella dobló cuidadosamente la suya y la puso las dos debajo de su trasero, era la primera vez que la veía con sujetador, (negro por supuesto).

Me pidió ir por el camino de tierra para no cruzarnos con nadie y esta vez subió sus antebrazos hasta mi cuello, ahora con su espalda desnuda sobre mi pecho mi corazón batía como un tambor y notaba como su mejilla apoyada entre mis hombros se movía ritmicamente al compás de mis latidos, mi respiración ahora incontrolada se estrellaba ritmicamente contra su melena rubia y ella aún se apretaba más y sus dedos se estrechaban en mi cuello.

No podía pedalear en aquel estado y ella la verdad es que no ayudaba mucho.
Estaba totalmente sudoroso pedaleando, pero era como un molinillo notaba que no avanzabamos nada... 

Pero esta vez ella no me recriminó la velocidad, yo veía como sus pechos se movían al compás de nuestras respiraciones y como constantemente se acomodaba en la barra con una especie de contracciones, como si no estuviera cómoda.

- Para por favor que me voy a caer.


Paramos la bici, pero ella no me soltó se giró y tal como estaba me abrazó, buscando mi boca yo la abracé con fuerza y ella hizo como siempre se colgó de mi cuello y subió las piernas hasta que caímos los dos redondos pero esta vez, sus manos fueron a buscar mi pantalón, yo estaba horrorizado porque con toda la situación se descubriría que bajo el mismo yo tenía un cañón que me apuntaba a la cabeza y me daba vergüenza que ella viera que ella con un simple contacto podía dejarme con aquel instrumento en aquel estado.

Pero no hubo burlas, mas bien sorpresa acarició suavemente mi polla sin dejar de mirarla, como hipnotizada ahuecaba la mano para hacerse una idea de su tamaño sin apretarla, lo cual me hacía enloquecer.

- ¿Me dejarías probarla a mi?
- Si, pero yo primero quiero ver tus tetas.
- Vale

Obedeció, se sacó el sujetador y dos hermosas tetas blancas con unos pezoncitos rosados se asomaron al exterior como un resorte, contrastando con el moreno tostado de su piel, las acaricié también muy suavemente y besé aquellos pezones que se estremecían con el contacto de mi lengua.
Ella acercó su cara a mis ingles y apoyó su mejilla en mi muslo, poco a poco fue acercando sus labios hasta que el glande totalmente granate a punto de explotar y sumido en un tembleque constante sentía el alivio de aquella lengua tan dulce que se paseó por su punta su saliva y sus caricias superficiales me hacían enloquecer, hasta que la engulló con lujuria y pude disfrutar de todas las emociones nerviosas que me proporcionaron sus labios carnosos.

Ella temblaba también cuando bajé sus pantalones, sus bragas estaban inundadas, note el calor de su excitación sobre mi cara cuando la acerque entre sus muslos y le devolví la crueldad de sus caricias, hasta que las contracciones le levantaban la espalda del suelo y presionaban los muslos sobre si mismos como si quisieran atrapar algo.

- ¡Acariciamhhehe e ahhhí porffhffhfa!
- ¿Eighht?

No la entendí, ella no podía articular palabra quise contestar pero yo tampoco pude hablar, cuando intentaba hablar me salía un quejido.

Cada vez que la acariciaba sus jadeos se aceleraban mas y se volvían mas profundos lo cuál me excitaba en un círculo virtuoso cuyo final no podía imaginar, provocaba que mi pene se hinchara al ritmo de los latidos de tal forma que me daba la sensación que nunca lo había visto así y al final explotaría.

Luego me abrí paso entre sus muslos, apuntando aquel grueso cañón haciéndose paso en su cueva temblorosa que se iba abriendo obediente en cada embate, hasta que me noté dentro de aquel cuerpo maravilloso que se retorcía a cada movimiento que yo daba como una coreografía estudiada milimetricamente e hicimos el amor por primera vez bajo la sombra de aquel árbol.

Volvimos andando .... apenas podíamos mantenernos de pié por lo tanto quedó descartado subir en aquella bici infernal. Tampoco pude olvidar aquella tarde en mucho tiempo. 

2 Asuntos :

* dijo...

Quién dijo que la bici no es divertida?
El resultado siempre suele ser muy bueno.
Besitos.

Clip dijo...

Pues ya sabes hay que coger mas la bici o que te lleven en ella .... besos