sábado, 1 de abril de 2017

Seducción Inversa

-¿Te puedo pedir un favor? 
Siempre tenía una sonrisa.
- Sabes que si.
- Me gustaría que me llevases a dar de comer a las palomas

Allí estaban ellas como guijarros blancos sobre el suelo polvoriento, en la plaza con el sonido cristalino del agua gorgoteando de la fuente central, paseaba entre ellas y les iba echando migas de pan una a una, su sonrisa demostraba que con algo tan simple era feliz y de alguna forma hacía que yo me sintiera igual.

De entre las mesas apareció Daniela, se quedó mirando de hito en hito, como arrastraba la silla de ruedas con una sonrisa.
No podía imaginar que con la indiferencia con la que la trataba, tuviera sentimientos de algún tipo y esto la desmontaba totalmente, preferir estar dando comida a las palomas en lugar de entre sus brazos no entraba en su mente, acostumbrada como estaba a hacer doblegar las voluntades de cualquier tipo de hombre.
Se acercó hacia él y bajando la voz de una forma muy sensual le dijo:


- ¡Que excusa mas tonta, si querías verme no hacía falta que montaras el numerito de las palomas!
¿Qué dices? ¡Pero si no te conozco de nada!
- Claro que me conoces no disimules, además te has embadurnado de colonia para que me fije en ti.

El hombre de la silla de ruedas protestó:
- ¡Eh que estoy aquí abajo! El de la colonia soy yo y yo si que te conozco.

Ella estaba totalmente azorada, había debido toparse con el único hombre inmune a su exótica belleza.
Lo que no sabía Daniela era que aquel hombre era muy frágil y para evitar decepciones podía controlar su libido hasta extremos insospechados, simplemente miraba el interior, de modo que todo su lenguaje corporal y apariencia sensual quedaban totalmente anulado y ahora se habían cambiado los papeles, es decir podía pensar con la cabeza al margen del deseo, de igual a igual.
Se sintió por primera vez en su vida 'poca cosa', ni siquiera le dieron la placentera opción a negarse a otra cita o facilitar el número del móvil. Simplemente se despidieron con una sonrisa para seguir alimentando las palomas.

En aquel parque habían puesto en una mesa unas hojas de papel para anotar los e-mail, para recibir instrucciones para manifestarse sobre la tala inminente  de unos árboles centenarios. Nadie se dio cuenta del fogonazo de un flash.

Al cabo de unos días varias personas recibieron un e-mail de una tal daniela***@*mail.com:

Hola soy la petarda del otro día en el parque. He venido cada día pero tu no estabas, me encantaría quedar para dar de comer a las palomas. He aprendido la lección.  

2 Asuntos :

Elvis dijo...

La eterna cuestión: ¿Quién seduce a quién? Una historia muy instructiva...
Saludos.

María Perlada dijo...

Tengo que darte las gracias por ir a mi blog y dejarme un comentario, y además, porque me ha permitido llegar hasta el tuyo, y me quedo por aquí descubriendo tu manera de escribir.

Besos.