La escena se repetía en su cabeza una y otra vez como una toma mal rodada, él, con la botella en la mano, el cigarrillo en otra, con su voz temblorosa de emoción, o de whisky, pidiéndole que viviera con él.
—Cásate conmigo. No lo pienses mas, ahora y aquí.
Ella, demasiado asustada, demasiado consciente de sus defectos y de los de él, aterrorizada por el futuro le dijo que no.
No quería unirse a alguien, por muy brillante que fuera pero una maquina de fumar y acostumbrado a cerrar los bares.
Pero ¿y si...?
Una vez en la habitación, se sentó ante su antigua máquina de escribir, pero no para terminar el guion de la película que ambos dirigían, aunque ella solo era la encargada de escribir las 'monsergas' (diálogos cortos entre mujeres), no, esta noche, escribiría otra cosa, un final feliz para su película, su futura historia.
El guión de mi vida.
Las palabras fluyeron como nunca. En su nueva versión, la luna seguía llena, las olas seguían susurrando. Pero esta vez, cuando él le pedía matrimonio, ella no respondía con dudas ni reproches.
—Sí
Susurraba en el papel.
Su historia transcurría en aquella misma playa, después de varios párrafos, en las que él prometía dejar de frecuentar los bares y alusiones al amor que sentía en sus entrañas, concluía tras varias páginas:
"Él sonreía, tiraba lejos la botella, se oyó lejano el ruido agudo de los cristales al estrellarse contra las rocas, envuelto en el sonido de las olas, la tomaba en brazos, se besaban apasionadamente y se casaban bajo la luz plateada, con el mar como único testigo."
Cuando terminó de escribir, se quedó mirando la última línea, su propio desenlace. Sintió que el miedo se desvanecía, como si al darle palabras a su deseo, se volviera real.
Tomó las hojas y salió de su habitación, caminó por el pasillo en silencio, llegó hasta la puerta de él y entró.
Allí estaba su máquina de escribir, en el centro del viejo escritorio de madera, con páginas dispersas de su anterior trabajo. Con cuidado, colocó su guion atrapado sobre el rodillo, alineado y listo para ser leído.
Sin dejar ninguna nota, sin explicaciones, regresó a su habitación.
A la mañana siguiente, él despertó con la resaca habitual y el peso del rechazo de la noche anterior aún colgado en el pecho. Se sirvió un café y se sentó frente a su máquina de escribir.
Y entonces lo vio.
Una hoja mecanografiada con un título que no recordaba haber escrito:
"El guion de mi vida".
Empezó a leer, al principio, aturdido, luego, con el pulso acelerado, cuando llegó a la última página, supo que tenía una segunda oportunidad.
Corrió por el pasillo y golpeó la puerta de ella, tal como venía especificado en el guion, cuando se abrió la puerta, él estaba ahí, con las hojas en la mano y los ojos llenos de algo nuevo.
—¿Esto es un guion o una propuesta?
Ella sonrió.
—Es el guion de la película de mi vida
Y esta vez, fue él quien dijo:
—Entonces, la rodaremos.
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