Algo iba mal.
Notaba que las cosas no encajaban, pero resulta que el que no encajaba en las cosas era yo.
El coche arrancó, sin mediar palabra, antes de que pudiéramos subir Marlene y yo, ver alejarse el coche con mi amigo Jairo en el maletero, escondido entre cientos de cartones para proteger huevos, perdiéndose en la oscuridad de la noche, mientras conducía mi mujer Paula, no presagiaba nada bueno.
Jairo, me había llamado angustiado días atrás, pensaba suicidarse, lo tenía todo decidido, quería morir de axfisia por falta de oxígeno, de modo que nos reunió a su mujer, Marlene, a mi su mejor amigo y a mi mujer Paula, nos dimos un último abrazo y mi mujer le dio un beso, (tengo que decir que los besos de Paula son especiales y diferentes a los conocidos).
Decidió encerrarse en el salón de su casa, cerrar las ventanas y esperar sentado tranquilamente en el sofá, naturalmente dicho método me pareció bastante inusual y poco efectivo, pero no iba a facilitarle las cosas, al fin y al cabo no me apetecía que mi amigo muriese.....tal vez unos días mas en este mundo le hiciera cambiar de parecer.
Al cabo de varios días y varios intentos, con barba de varios días, comprendió que si no aislaba totalmente la habitación, era imposible, además cada día nos fundíamos en nuevos abrazos de despedidas y el consabido 'último' beso de Paula.
De forma que decidió que se ahogaría en el maletero de mi coche, para evitar molestias subiriamos todos en el mismo y una vez dejase de respirar, le enterrásemos en algún lugar lejano y tranquilo. De modo que compramos unos cientos de envases de cartón para proteger huevos, para que sus últimos momentos fuesen sin moratones, se desnudó y se metió en el maletero entre los cartones, antes de cerrar le dí un último abrazo.
Paula le dió un beso tal vez más largo de lo habitual, pero claro pensé que era el último, que menos que se fuera de este mundo con un buen sabor de boca.......y desde luego ella podía dejar un sabor así durante horas.
Marlene, la chica del pelo de cobre, me pidió dormir en casa con los ojos lagrimosos, no sabía si era su primera noche como viuda, o como mujer despechada, de una forma comprensiva accedí, al fin y al cabo yo estaba en su misma situación.
Ya despierto, preguntándome entre legañas el significado de mis sueños, me incorporé entre las sábanas y apareció el pelo cobrizo y detrás de él, Marlene , se incorporó lentamente a mi lado, con cara de culpabilidad, en sus labios aún quedaban restos de mi leche, me pidió perdón por no haberme consultado, pero no podía dormir, la abracé y le hice el amor dulcemente. 
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