domingo, 26 de septiembre de 2021

Subíamos por un sendero escarpado hasta el monasterio de San Pedro, con el abismo de la costa a un lado, las rachas fortísimas de la Tramontana azotaban implacables y el pelo tapaba y destapaba las caras aleatoriamente, la vista era espectacular, al llegar a un recodo mientras las ramas se batían furiosas le dije:


-Espérame un momento, voy a hacer algo que no puedes hacer por mi, ella sonrió maliciosamente.

-¿Seguro que no? 

Dijo mientras su hermosa melena rubia le tapaba la cara momentáneamente. Me aparté unos metros a un sitio resguardado de la vista del sendero, en una distancia de cortesía, ya no podía aguantar mas, desabroché la bragueta, apunté distraído a unos matorrales, en pleno proceso de micción, desde atrás unas manos atraparon el pene, ella se había acoplado por detrás y ahora tenia mi miembro en sus manos.

-¡¡Vaaaa!! ¡Dejame probar! No seas carca, siempre he querido ver como va esta manguerita.
-¡No!, ¡para, para!

Y empezó a apuntar a la derecha a la izquierda, pero con el forcejeo se subió ligeramente la piel, lo cuál provocó que el chorrito perfectamente controlado se convirtiera en un aspersor sin ningún tipo de control, al girarme para evitar males mayores, una racha fortísima de viento de frente nos inundó, en una de las situaciones mas violentas que jamás he vivido, pues la chica a la que apenas conocía y yo mismo estabamos totalmente empapados por una lluvia dorada totalmente incontrolada.
Se hizo un silencio muy tenso en el que solo se podía oír el ulular del viento como presagio del final de una bonita historia. No podía ni mirarle, su vestido, su cara y su pelo goteante del dorado elemento y aún peor me imaginaba la mía, como no había podido parar de mear el resultado había sido catastrófico.

-Igualito que la lluvia dorada de Dánae

Rompió el silencio y afortunadamente su sonrisa se abrió paso entre las gotitas doradas.  

-Si ahora entiendo lo que le pasó a Zeus.¿Te imaginas a Tiziano excitándose mientras pintaba a Dánae?
Dije yo para romper el hielo.

-No, la verdad es que me resulta muy lejano. Y no creo que se hubiera meado encima de la modelo para pintar su obra.

Una sonrisa muy dulce, apareció por fin bajando la mirada y la voz como un tanto azorada.

-No te preocupes la culpa ha sido mía.

Ella ahora me mostró otra faceta, su lado menos frío, se sacó las gafas y alargó los brazos como un gato desemperezándose, sentí un cosquilleo muy dentro de mí. 
El escote del fino jersey totalmente húmedo se ladeó un tanto, resbalando, dejándola con un hombro de piel muy blanca, casi como el del cuadro aquel que ella describió tan intensamente.

-Me ha excitado lo que nos ha pasado y me has hecho abrir los ojos sobre un detalle fascinante sobre el cuadro de Tiziano, acerca de Dánae. ¿Conoces la historia?

-Pues no.

-Es que para comprender el detalle que acabo de descubrir, necesitas saberla. Lo importante es que la lluvia dorada que cae sobre el sexo de la Dánae (en griego Δανάη, “sedienta”)

Zeus estaba loco por ella. Al ser un Dios poderoso, hubiese podido raptarla sin ningún problema, pero quería mantener el secreto, evitando que se enterara su esposa Hera.

Todo ocurrió en una noche estrellada...Dánae yacía desnuda en su lecho, mientras soñaba con la ansiada libertad, cuando apareció Zeus a través de una rendija e inmediatamente se transformó en una suavísima lluvia dorada, se transformó en su propio semen, que cayó sobre la doncella.

Así, gota a gota, entró Zeus en el cuerpo desnudo y asustado de Dánae, patidifusa ante tan importante visita. Aquellas gotas doradas, cual cálido, perfumado, luminoso y vibrante abrazo, lograron el lascivo propósito del dios, la posesión de la hembra, y, de paso, introdujeron en el impúdico vientre femenino la semillita de una nueva vida: la del futuro héroe Perseo.

-Interesante historia, fascinante.

Bajamos al pueblo y al entrar en el bar nos miraron de arriba a abajo, de modo que disimuladamente entramos en el lavabo para adecentarnos un poco.  

Pedimos unas cervezas y unos pequeños bocadillos que nos cobraron por adelantado, supongo que por nuestro aspecto, estaban deliciosos, mientras hablábamos, mordisqueábamos y dábamos pequeños tragos, disfrutando de aquella conversación.

-Resulta que hoy gracias a ti he descubierto algo nuevo... es que…verás, (Se notaba que tenía ganas de contarlo y se atropellaba a si misma al hablar, estaba visiblemente emocionada).

-La diosa está tumbada así ¿no? Preparada para recibir la lluvia dorada.

Ella atrae hacía si otra de las pequeñas sillas de madera, se recuesta entre las dos sillas imitando la postura de Dánae. Yo busco la imagen en el móvil y asiento con la cabeza.




-Pues bien, una de sus piernas tapa la mano, y por la situación del brazo suponemos que reposa en la ingle. Pero si te fijas, esa mano se ve, pero está muy borrosa.
Dice ella colocándosela por debajo del envés del muslo.

-Ahí viene lo bueno, te das cuenta que ésta aprieta los dedos contra la carne como si quisiera abrirse más de lo que puede y deseara empujar ¿Lo ves? Mira así !!

Estaba eufórica, abre ahora sus piernas y aprieta los dedos contra la tela del pantalón. Al punto, se deja caer sobre la silla, toma la otra silla la acerca y se queda tumbada y da unos casi imperceptibles golpes de cadera al aire.

Había adoptado a la perfección la postura de la diosa, que aparecía acostada y desnuda sobre un lecho con las piernas abiertas y flexionadas y la cabeza ladeada. A pesar de los tejanos y de su llamativo jersey yo estaba imaginando a Dánae allí delante de mi. Instintivamente moje las yemas de los dedos en la cerveza y lancé gotitas sobre su sexo, con las luces que se filtraban por la ventana parecían pequeñas perlas. Ella aumentó sus golpes de cadera al aire abriendo aún más su sexo bajo los jeans.

Pasan unos segundos y se incorpora, se sienta recta como guardando la compostura y se coloca el escote del jersey, que inmediatamente se precipita hombro abajo.
Yo estaba alucinando, me ajusté las gafas, no podía dejar de mirarla, me estaba imaginando a la Dánae en la época actual, en una cafetería bajo una lluvia dorada, y un hombro desnudo al aire libre, al ver que la miraba tan intensamente ella bajó la suya.

-Ven, siéntate más cerca y le acerqué una silla a mi lado

Ella dudó unos momentos concentrada en los dibujos de las vetas del mármol de la mesa, de repente soltó:

-¿ Y por qué no?

Vuelve a sonreír, se levanta y en lugar de sentarse en la silla que le había preparado, se sienta sobre mi muslo, dándome la espalda, casi de un salto, apoyándose sobre mi pecho, estaba ahí en mi regazo, dejando su peso en mi pierna y aguantando con la punta de los pies en el suelo.

    



Instintivamente me acerco a su cuello y lo huelo, mejor no entrar en detalles acerca de su olor pero puedo sentir su calor a través de su amplio escote y un olor a lavanda y excitación que surgía de su interior......

En este preciso momento el dueño del bar se acerca hacia nosotros, bajando la voz nos dice,

- ¿Os importa salir de aquí? Esto es un bar familiar y no quiero líos.



jueves, 12 de agosto de 2021

Ya me habían avisado que algo así podía pasar algún día, esperaba en el mostrador pacientemente, mientras rellenaban la cerveza que me faltaba, salivando, con la bandeja repleta de todas las exquisiteces demandadas, por mi lado izquierdo una mano femenina, con toda naturalidad atrapa  una de las patatas crujientes que sobresalía de la bolsa de cartón, la miré inquisitoriamente sopesando mi reacción, era una de esas tardes en las que el cielo se viste de gris y derrama un torrente de lágrimas, ella al ser mirada fijamente en forma insistente me regaló una sonrisa deslumbrante que compensaba toda la tristeza de aquella tonta tarde de lluvia.

Ahí empezó todo, el caso es que la miré fijamente, hermosa, rubia con rizos, chupa de cuero y top tipo Bralette, 
alargó de nuevo sus largos dedos con uñas impecablemente pintadas en rojo y de nuevo cogió otra de mis calientes chips, aquello empezó a no tener sentido pues ya tenía las suyas en su bandeja sobre el mostrador, mi mente ya elaboraba un discurso acerca de la educación y los gérmenes de dedos ajenos, pero antes de abrir la boca me regaló otra deliciosa sonrisa.

-Patatita por sonrisa, ¿Qué te parece el trato?

   

Detrás una cola inmensa, indiferentes al conflicto que se estaba gestando, con toda seguridad se pondrían de su parte, una chica guapa indefensa y sexy armada con aquella deliciosa boca siempre lleva todas las de ganar, era un caso claro de violencia de género.

Asumí que estaba todo perdido, por lo tanto le acerqué la bolsa de las patatitas, en forma de sumisión, al menos de este modo volvería a dominar la situación, el caso es que dió un paso lateral y se acercó a mi lado, piel con piel, me invadió su aroma y me relajé, sentí el ruido de una cremallera y con horror descubrí que era mi bragueta totalmente abierta, al instante noté una mano agarrando el cipote con la dulzura y energía de una experta sacándola casi totalmente del boxer, inconscientemente me apoyé contra el mostrador, quedaba a cubierto pero en una situación totalmente frágil, entonces abrió una bolsa de mayonesa mojó generosamente sus labios, dejo caer la servilleta para disimular y agachó la cabeza lo suficiente para untarme el glande con sus labios, enseguida comprendí que estaba totalmente indefenso y con mi glande hinchado y lleno de una espesa mayonesa de color blanquecino, solo podía apretarme contra el mostrador, girarse o gritar hubiera sido un suicidio, dados los niños y niñas del local con sus respectivos padres y miembros del equipo de seguridad.

Se enderezó triunfante con la servilleta en sus manos, sonrió esta vez pero con restos de mayonesa en la punta de la nariz y en sus rojos y brillantes labios.

-Cariño voy a coger mesa para los dos, llevo tu bandeja mientras pagas. Me dijo con un toque de ironía guiñándome un ojo.

Tontamente me habían robado mi McMenu, ojalá hubiera sido solo eso.

El
resto fue aún peor, me costó muchas horas explicar en comisaría que hacía con la polla al aire llena de mayonesa en un MacDonald en plena hora punta rodeado de niños.

jueves, 29 de julio de 2021

Al llegar de nuevo al salón, ver a mis invitados y a Kevin que me sonríe al fondo, me hace sentirme mucho mejor e intento olvidar todo lo sucedido con todas mis fuerzas, menudo día de boda me están dando, intento reflexionar, todo esto ha sido demasiado extraño, pero mi postura debe ser inteligente y sensata. Por eso es necesario que el préstamo para pagar el restaurante no condicione ningún tipo de vínculo con Alex, quiero olvidarlo todo.

Pero eso es un deseo, mi mente no atiende a razones y no puedo evitar recordar aquellas interminables sesiones sexuales con Alex, aparte de un escape a nuestra pésima relación, eran tan placenteras como divertidas, proporcionándonos tanto placer mutuo, infinitas sensaciones en unos momentos vividos que no se han repetido nunca. Comprendo que todo pasará con el tiempo, que Kevin me adora y yo también le quiero, pero creo que no voy a encontrar a ningún otro amante como Alex. Será mi suplicio, tendré que vivir siempre con esa idea torturándome, pero nadie sabrá hacerme el amor y vivir tantas pasiones buenas y malas como las que viví con él, nadie mejor que él saboreará mi sexo, haciéndome disfrutar tantas veces, algo que nunca intentó Kevin y que ni siquiera me atreví a proponerle para no parecer demasiado pendona, tampoco me pidió nunca que le hiciera sexo oral a él. Alguna vez hice ademán de acercarme a su sexo con mi boca y él levantaba mi cabeza, algo que confirmaba que el sexo oral no le atrae, pensé que el tipo de sexo sería circunstancial  y seguramente acabaría por olvidárseme a mi también... eso creía. Pero el sexo con Alex era bastante 'diferente',  conseguía que sacara de adentro toda mi lascivia y me hacía convertirme en otra persona, una adicta al sexo, especialmente al suyo, algo que parecía renacer hoy, tras el baile y sus juegos.

Han pasado los diez minutos y sé a ciencia cierta que Alex me está esperando en esa caseta para cambiarse de la playa, seguramente sediento de mi cuerpo, de mis pechos, de mi sexo, de todo mi cuerpo... con tanto deseo como yo sentí siempre por el suyo.

Decido que lo mejor es no hacer nada e intento borrar de mi mente tan torturadores pensamientos, me siento junto a mi marido y agarrándome a su brazo, escucho atenta su conversación con unos invitados que acudieron a felicitarle. Kevin me besa en la mejilla con su ternura de siempre y me siento muy feliz de tenerle a mi lado... de ser por fin su nueva esposa.                        

En ese momento mi móvil vibra sobre la mesa y hace la señal de haberme llegado un nuevo mensaje. Lo tomo en mi mano, antes de que Kevin pueda ver lo que hay en él.

-“Estoy impaciente, no tardes en llegar. Recuerda que ganarás el doble, por un lado cancelarás el crédito y por otro volverás a sentir lo que es una lengua virtuosa en tu coño. ¿O acaso se te ha olvidado?”

Un cosquilleo llega a mi entrepierna al leer ese mensaje y recordar nuevamente aquellas sesiones.

- Voy un momento al baño. 

Le digo a Kevin sonriendo forzadamente.

- ¿Pero, otra vez? ¿Te encuentras bien?

- Sí, si...

- Te acompaño.

- No, no te preocupes, voy con mi prima Lucy, tranquilo.

Llego al pasillo y en lugar de meterme en los servicios salgo al exterior y voy derecha hacia la caseta de la playa, el punto de reunión con Alex, pero con la decidida intención, no de que me coma el coño, como él insiste, sino de cantarle las cuarenta y que deje de molestarme de una vez por todas. Volveré a prometerle que el préstamo será por muy corto espacio de tiempo. Es necesario recordarle también, que deje de tratarme así, que ya no le pertenezco, que lo nuestro ha terminado y que acabo de casarme con su mejor amigo. Estoy agradecida porque nos haya ayudado, claro que sí, pero voy a decirle firmemente que le pagaré la deuda, euro a euro y cuanto antes. Que se olvide de tener un roce más conmigo, lo nuestro terminó hace tiempo. Y si insiste, le amenazaré con contárselo a Kevin.

Al abrir la puerta de la caseta no puedo creer lo que ven mis ojos. Unos rayos de luz de Luna se cuelan por la parte superior, Alex en semipenumbra apoyado ligeramente contra la pared está completamente desnudo. Su inolvidable cuerpo está ahora frente a mí, mostrando cada una de sus curvas, de sus músculos, los pliegues que conducen a ese miembro erecto que parece estar mirándome. Alex me sonríe invitándome a pecar con esa mirada con la que sabe que no me puedo resistir. Sus abdominales marcados, su pecho frondoso, su piel morena levemente bañada por aquel halo azulado, me vuelven a trasladar a cuando estábamos juntos. He olvidado todo lo que le tenía que decir, porque ahora solo puedo quedarme admirándole, deseándole como entonces. Se está acariciando esa enorme verga, jugando conmigo, incitándome, excitándome, dominándome....

- ¡Ven aquí!.  Mira como me tienes

Me invita a acercarme estirando su otra mano.

Tengo que decirle que no, tengo que decirle que no, eso es lo que mi cerebro martillea una y otra vez, pensando que es un maldito cabrón, que ya no somos nada, pero cuando mis dedos rozan los suyos mi cuerpo ya deja de responder a mis órdenes... sino a las de él.

Me abraza de nuevo, puedo notar su olor, su calor, creo que no voy a poder resistirme, por eso algo de dentro de mí me empuja a separarme pero casi sin fuerza.

- ¡Alex!

- Schhsss... calla putita mía. Ahora no digas nada. Solo vamos a recordar viejos tiempos.

- ¡No puede ser, Alex!

Le digo medio llorando, intentando luchar contra todos los demonios que me rodean, sé que no debo hacerlo, pero no puedo, algo me impide ser lógica.

- Bueno en ese caso, solo déjame ver esas tetas.

No sé cómo pero sus manos a mi espalda han bajado velozmente la cremallera de mi vestido y este baja hasta mi cintura de inmediato. El contorno de mi sujetador blanco está siendo perfilado por sus dedos y su mirada clavada en la mía, con esos ojos que me fascinan, que no me dejan actuar con sentido común.

- Vaya, que maravilla, son tal como las recordaba, pero verlas al natural es aun más alucinante. añade con su cara llena de lujuria observando mis tetas aprisionadas bajo el sostén blanco.

De nuevo su mano se acerca a mi espalda y con la habilidad de siempre suelta el primer corchete de mi sujetador. Apenas me puedo mantener en pie, mucho menos poder actuar de otra manera, mis manos apoyadas sobre su vientre pueden palpar sus abdominales marcados... ¡Dios que bueno está!, cómo regresan a mi mente los recuerdos de su cuerpo desnudo y yo entregándome de lleno a él. Su polla está repleta de energía, la veo tambalearse, como lo hacía entonces.

Mi sujetador sin tirantes no tarda en caer al suelo, en el preciso instante que Alex ha conseguido soltar el último corchete. Mis tetas al desnudo están ahora ante su mirada.

- ¡Por Dios Olivia ... qué maravilla!

Sus manos se apoderan de mis pechos y son amasados con esa devoción y esa fuerza de siempre, jugueteando con sus palmas sobre los costados, pellizcando mis pezones con sus dedos. Su boca rápidamente se acerca a la mía, se que aun tengo fuerzas, se que aun puedo parar todo esto, se que es una locura, es mi última oportunidad, le tengo que decir que pare.

- Ale...xshhh

Sus labios se han posado sobre los míos... esos dulces labios, calientes, grandes y ardientes que abarcan los míos y los aspiran, los chupan, los besan, mientras sus manos siguen sobando mis tetas sin cesar. Me abrazo con fuerza a él y noto su poderosa espalda que acaricio como antaño, notando su piel entre mis dedos. Mis pechos están ahora pegados a su abdomen noto la dureza de sus músculos y también la de su verga sobre mi vientre. Alex es muy alto, pero no impide que su boca alcance la mía ladeando su cabeza, mientras yo me mantengo estirada sobre mis sandalias de tacón. Sus poderosos brazos abarcan mi espalda, rozan mi culo. Nuestras lenguas se cruzan entre beso y beso, se introducen en nuestras bocas, juegan revueltas fuera de ellas, nuestras salivas se intercambian, nuestros jadeos se revelan con la pasión que nos invade. Volvemos a ser los animales que éramos.

Alex termina de bajar la cremallera hasta que mi vestido acaba irremediablemente en el suelo de aquel recinto, rodeando mis pies. Con esas enormes manos me separa unos centímetros de él para poder admirarme al completo.

- ¡Estás igual de buena, joder!¡Mierda de haberte perdido!

Su lengua va a avanzando entre mis pechos, alcanzando uno de mis pezones, mientras intento buscar la manera de decirle que se detenga, que no puede ser, que le pagaré y que no quiero su sucio trato, que he venido a recordárselo, pero cuando sus manos se agarran firmemente a mi tanga y lentamente lo bajan por mis muslos, entonces ya no puedo decir nada, solo regresar a aquellos instantes en los que tanto disfruté con él.

- Tal como imaginaba, el coño precioso y dispuesto a ser devorado. 

Me dice relamiéndose con ojos vidriosos por la lujuria.

- Alex, esto no puede ser... no me hagas esto. 

Suplico con un hilo de voz. Pero el me conoce bien y sabe que esas súplicas son en vano y no le convencen a él... menos a mí, que no puedo remediar esperar ansiosa a que esa lengua entre en contacto, de una maldita vez, con mi sexo.

Me coge en volandas y me sienta sobre un banco de madera para cambiarse, dejando mis piernas abiertas y mi sexo totalmente expuesto. Mis únicas prendas son mi liguero, mis medias y mis sandalias.

- ¡Dios, como hueles! 

Me dice acercando su nariz a la parte alta de mi pubis y bajando despacio, hasta entrar en contacto con los pliegues de mis dilatados labios.

Es increíble, estoy tumbada sobre una mesa, totalmente desnuda, con mi ex-marido despelotado y lamiendo mis ingles con aquel arte insuperable, nadie desde entonces, desde hace más de un año, ha conseguido rozar con su lengua mi dilatado clítoris, es ahora Alex, quien lo va a hacer y ya no puedo negar nada, estoy totalmente entregada, a pesar de que se que me voy a arrepentir un millón de veces, que esto, será más traumático, pero ese demonio que llevo dentro no responde a mi mente.

- ¡Para ya, por favor Alex ...!

- Si quieres lo dejamos aquí, Olivia.

Ahora yo estaba entregada, su lengua sigue hurgando en cada uno de los milímetros de mi húmeda rajita. Veo literalmente las estrellas y no quiero que eso acabe, a pesar de mis estúpidas negativas, quiero seguir así, sintiendo la lengua de Alex, haciéndome ese regalo divino de sus lamidas, mientras sus manos masajean mis pechos.

-¡No!¡Si paras te mato, sigue por lo que mas quieras!

Me mira desde allá abajo y me sonríe, porque sabe que estoy sometida, totalmente entregada. Cuando muerde mis labios, cuando su lengua se apodera de mi clítoris, cuando sus dedos pellizcan mis pezones y cuando su mirada penetra en la mía, es entonces cuando llego a un orgasmo prolongadísimo, cargando en mi interior un montón de sensaciones que casi había olvidado. En ese momento no quiero comparar nada, pero sí considerar que es uno de los momentos que hacía muchísimo tiempo no había vivido. Quiero gritar pero salen gemidos y frases inconexas de mi garganta, mientras mi mano acaricia el pelo de Alex que sonríe entre mis piernas victorioso.

- ¡Joder, que delicia, qué bien sabes! 

Declara sonriente. Alex se pone en pie y con su enorme daga en la mano se acaricia suavemente para decirme:

- Tu turno.

Me asusto, porque vuelvo a recordar que no había venido a esto, que no teníamos que haber llegado a tanto, que Kevin, es mi marido, que nos hemos casado hoy. Me pongo en pie y le digo empujándole.

- Alex, ese no es el acuerdo. 

Le digo intentado buscar mis braguitas perdidas en algún lugar recóndito de esa caseta, llena de arena.

- No seas cruel, no puedes dejarme así 

Señalando su empalmada polla.

- No quedamos en eso, Alex.

Él no contesta, sabe que no hace falta, es conocedor de todas mis debilidades y que cuando se abrace con su cuerpo desnudo al mío, no voy a resistirme, aunque quiera, porque en el fondo lo estoy deseando. Lo hace, acercándose y siento su desnudez pegada a la mía, algo que me mata, algo que me vuelve loca.

- Bueno está bien, te la chupo y ya. 

Digo sintiéndome más puta que nunca, al soltar esa frase. Vuelve a guardar silencio, porque con su mirada ha ordenado que me arrodille frente a ese enorme miembro, para volver a degustarlo como entonces. Hacía mucho tiempo que no tenía una polla en la boca y ese es el momento en el que no tardo en abarcarla entre mis labios, en devorarla como una posesa. Vuelvo a sentir el relieve de sus venas, la dureza de esa daga que se adentra en mi boca, que roza mi paladar y siento como crece cada vez más. Acaricio sus huevos, saco toda la carne de mi boca, para dibujar con mi lengua sus pliegues, su frenillo, ese glande vigoroso y duro, para volver a engullirla con total entrega.

- ¡Jodeeer como la chupas! 

Solo puede suspirar, mientras acaricia mi cabello, sonrío para mis adentros y siento por primera vez el poder, se que si sigo así, no tardará en correrse, porque aunque casi he perdido la práctica, no se me olvida hacerlo con ese arte que le vuelve loco, soy conocedora de cada uno de sus puntos débiles. Como él también lo sabe, no quiere acabar en mi boca, sino que quiere follarme, no hace falta que lo diga, porque sus movimientos son claros y concisos. Se sienta en una de las banquetas que hay en el recinto y con un gesto me invita a subirme sobre él.

- ¡Ven!

- Ni hablar Alex. Eso no, no podemos follar. Me acabo de casar con tu mejor amigo... con Kevin ¿Recuerdas?.

- Ven aquí. 

Insiste agarrándome por las caderas y acariciándome el culo. Mi perdición.

- No podemos...

Abre mis piernas y me obliga a subirme sobre sus muslos. Quedamos con nuestros cuerpos unidos, esta vez sentada a horcajadas sobre él. Me acaricia las tetas  y me besa... ¡Dios! ¡Cómo lo hace! Esa lengua se apodera de la mía, con tanta habilidad, que no me doy ni cuenta que mientras me soba una teta, con la otra mano ha orientado su polla hasta ponerla en las puertas de mi rajita. Lentamente me empuja hacia arriba y después deja caer el peso de mi cuerpo sobre su glande que abriéndose paso en mi húmedo coño recibe el resto de su largura hasta que estoy totalmente insertada, clavada en esa polla hasta lo más hondo. Suspiramos y veo su cara sonriente seguramente al ver la mía descompuesta. Sus manos se aferran a mi cintura, me empuja suavemente hacia arriba y luego me deja caer de nuevo. Me penetra hasta el fondo, incesantemente, una y otra vez. Dirijo mi mirada hacia abajo y veo como desaparece toda su longitud en mi interior, como tiempo atrás, para volver a salir lentamente, haciéndome gozar en cada embestida. Está follándome, sí, Alex, mi odioso ex-marido, al que prometí olvidar, el que no aprendió a darme todo el amor que Kevin me regala en cada instante, el que no quiso entenderme, que no supo respetarme, estaba ahora follándome y yo entregada a ese sexo salvaje, prohibido y lascivo.

He vuelto a tener un segundo orgasmo cuando percibo que él también está a punto. Quiero salirme de él, pero lo impide agarrándome de los hombros y empujándome hacia abajo y tras esa tensión continua puedo percibir como inunda mis entrañas con una anhelada corrida. Uno tras otro, noto los chorros de su semen chocando en mi interior.

- ¡Hijo de puta! 

Le digo, sin poder evitar que sentir su corrida dentro vuelva a hacerme sentirme aun más cachonda, a volver a ser esa zorra que yo era para él. Y así me siento más puta todavía al estar engañando a mi marido... ¡En el día de mi boda!

Cuando he conseguido levantarme, busco con urgencia mi ropa para no tardar más tiempo en reunirme con Kevin, no quiero que piense... ¡Dios! ¿Cómo he podido hacerle esto?, yo no quería que esto fuera así, no quería llegar a esto... sigo pensando y culpándome buscando mis braguitas por el suelo.

- Bueno, no ha estado mal ¿eh? -

Dice burlándose el muy canalla.

- Alex, esto no tenía que haber pasado... 

Contesto arrepentida y a punto de llorar. Él ya está vestido y se dispone a abandonar el almacén, dejándome tirada, como ha hecho siempre. No encuentro mi tanga y lo dejo por imposible. 

Vuelvo a encontrarme con Kevin, a quien se le ve intranquilo buscándome. No sé si habrá notado mi cara descompuesta, mi pelo revuelto, mis carrillos ardiendo ...

- Cariño, ¿te encuentras bien? 

Pregunta.

- Sí, si, estoy bien Kevin, solo un poco bebida.

En ese momento suena mi móvil con un nuevo mensaje... Otra vez es Alex que me dice:

“El primer plazo del préstamo ha estado genial nena. Te llamaré para el segundo”

Apago el móvil con la intención de apagar un episodio de mi vida, de olvidar esta locura en la que se ha convertido el día de mi boda... de la presencia de mi ex marido, pero en el fondo sé a ciencia cierta que irremediablemente volveré a pagar a Alex unas cuantas cuotas de ese préstamo.

- ¿Pero, por qué diablos le has invitado? 

Le pregunto a Kevin otra vez, borrando mi sonrisa de inmediato, mirándole con toda la rabia que puede demostrar mi rostro inquisidor.

- Invitado ¿A quién? 

Parte I 

Parte II

Parte III

Parte Final

miércoles, 28 de julio de 2021

Noté como el sonido lejano de un pistoletazo de salida.

- Suena bien esa combinación, pero que muy bien. Me lo estoy imaginando y ¿sabes? creo que algo se ha puesto duro, estoy viendo ya ese tanga navegando sobre tus ingles y metiéndose con descaro en la profundidad de tus preciosas nalgas.

- ¡Alex, por favor, déjalo ya! 

Noto como el sudor invade las palmas de mis manos, no obstante mis brazos se colocan delante de su cuerpo y mis pensamientos intentan apartarlo en vano.

- Pero si siempre me lo has contado y nos hemos divertido con estos juegos

Me lo dice tan tranquilo, con esa sonrisa que siempre usa para desmontarme.

    


- Alex hay una pequeña diferencia, ya no soy tu mujer, ahora estoy casada con Kevin, no sé si te has dado cuenta. 

A él le divierte la situación. Otra vez su risa desconcertante 

- Bueno, tienes razón, entonces dejamos lo del tanga. ¿Cómo llevas el coño?

- ¡Alex! 

Se me escapa un grito y miro a mi alrededor por si alguno de los invitados me han podido oír, afortunadamente siguen a lo suyo tranquilamente.

- Vamos no seas remilgada, supongo que lo llevarás recortado, como siempre, con ese chochito precioso que tienes y que me volvía completamente loco.

A pesar de querer concentrarme en cualquier cosa, no puedo evitar que vuelva a pasarme, me está calentando con su forma de hablar y por mucho que le mire o le haga gestos para que se calle, él continúa con su perversidad de siempre, ese juego canalla que me desarma, esas palabras siempre habían conseguido provocarme y ahora que no debo, todavía mas.

- No pasa nada con decirlo, me vuelve loco tu coño, pero ya lo sabes de sobra y además que sabe delicioso... mmm, aun guardo su sabor en mi boca. La cosa más rica que he probado nunca. 

El erre que erre continúa con su juego. 

-¿Te acuerdas cuando te lo comía y mi lengua te hacía ver las estrellas?

- ¡Piedad, por Dios, cállate ya!

Aquí empieza ya mi desajuste, el lenguaje corporal me abandona tras esa súplica, me estoy excitando por momentos. Intento pensar en el pobre Kevin, eso me aísla momentáneamente de una realidad que me tiene aturdida.

- Vamos mujer, solo estoy recordando aquellos tiempos, no te enfades. Pero es difícil de olvidar ese lindo coño, con esos pliegues, tan blanditos, la estrechez cuando metía un dedo y los músculos se aferraban a él, cuando mi lengua jugaba con ese clítoris que con el roce te hacía casi gritar, ¿te acuerdas?

Es imposible no acordarse ni que esa película se meta en mi cerebro y llegue a torturarme, como lo ha hecho durante todo este tiempo. Ahora que casi lo estaba empezando a olvidar, ahora que apenas había dejado de masturbarme pensando en esos momentos, Alex está aquí, el día de mi boda, abrazándome, pegándose a mi cuerpo y susurrándome esas cosas que me hacen perder el equilibrio. Él lo sabe, por eso me sujeta, pues sabe que con todo ello, me deshago.

- ¿Cómo te lo come Kevin?.. Dime, preciosa ¿mejor que yo?... seguro que no.

- ¡Hasta aquí hemos llegado, ya vale! 

Lo digo intentando ponerme seria. El error fue mirarle fijamente a los ojos y encontrarme con la pasión en estado puro, lo mismo que sus palabras, pero no consigo hacerle callar.

- Vamos, ¿Qué pierdes con decírmelo? Al menos ya que él lo disfruta, déjame a mí la duda de saber si lo hace mejor que yo.

- Él eso no lo hace... ¿vale? 

Contesto seca, al instante me doy cuenta de lo estúpida que soy e inevitablemente me pongo roja como un tomate. 

-¿Qué me costaba mentirle y decirle que lo hace de maravilla incluso mucho mejor que él?

- A ver, a ver, recapitulemos ¿Me estás diciendo que tu nuevo marido no ha probado esa delicia de coño  que tienes? No puede ser. ¿En serio nunca te lo ha comido?

No contesto, me limito a mirar al suelo, avergonzada y maldiciéndome por haber confesado la verdad. Alex me observa sonriente, casi diría… triunfante. Me tiene a sus pies, sabe que no le puedo mentir, me conoce demasiado y cualquiera de mis gestos me delata.

- Entonces, ¿Hace más de un año que no te comen ese manjar? 

Vuelvo a silenciar la evidencia, intentando ocultar mi cara, al hacerlo Kevin me sigue observando, pero ahora lo hace con tanta admiración que me hace sentirme confusa. ¿Por qué me pasa esto?, ¿Qué puedo hacer? Lo he decidido, creo que le voy a pegar un bofetón a Alex aunque sea lo más escandaloso de mi boda, Necesito que se dé cuenta que esto es una locura, que ya nada es como antes y que esta conversación debe acabar.

Pero la suerte, está ahora de mi lado, la música cesa, lo que me permite separarme por fin de los brazos de Alex, aunque al hacerlo me sienta rara, como vacía e inevitablemente algo cachonda.

- Alex... Te devolveremos el dinero muy pronto 

Le digo para zanjar definitivamente el tema, cerciorarme que esa será la última vez que habrá podido abrazarme, tenerme cerca, jugar conmigo.

Una de las invitadas se acerca a felicitarme y al besarme me mira extrañada, me doy cuenta que mis carrillos arden, además del temblor de mis piernas y un extraño estremecimiento por todo mi cuerpo. Tengo que sentarme en una silla para no caerme.

En ese momento Kevin se acerca a mí.

- Hola cariño, ¿Qué tal todo?

- Bien  

Intento contestar con cierta credibilidad pero trastabilleo un poco.

- ¿Por qué dejaste que él pagara nuestra boda? 

Le digo enfadada por no haberme consultado previamente, pero mas enfadada conmigo misma por dejarme llevar por una persona a la que tenía que estar odiando.

En el fondo me encuentro fatal. Todo ha sucedido tan deprisa y tan alocadamente que ahora no sé ni lo que pienso. Lo único que sé, es que mi cuerpo no reacciona de modo racional, porque me encuentro excitada, noto mi sexo palpitar desde que me he separado del baile apretado con Alex. Sentir su bulto pegado a mí, volver a oír su voz y escuchar esas palabras que me aturden ha sido demasiado para mí.

La ocasión se presenta cuando una de mis primas me dice que va al baño y me decido a acompañarla. La verdad es que necesito refrescar todo el calor que me invade, aunque no estoy muy segura si voy a conseguirlo.

Por el pasillo veo venir a Alex de frente, acercándose a nosotras y vuelvo a sentir ese nerviosismo y ese deseo aumentado. Al pasar a nuestro lazo roza con el dorso de su mano ligeramente la mía y me sonríe mientras pasa su dedo índice disimuladamente por sus labios, haciéndome recordar con ese gesto otros momentos en el que ese dedo acariciaba otros labios.

Justamente al entrar en el baño, suena el bip de mi móvil. Acabo de recibir un mensaje. Lo saco de mi pequeño bolso y me dispongo a leerlo pensando que es otra de las muchas felicitaciones de esa noche.

Mi prima se mete en uno de los cubículos del baño y yo hago lo mismo en el siguiente, dispuesta a leer el mensaje. No puede ser. ¡Es de Alex!

Siento como todo el calor vuelve a apoderarse de mi cuerpo. Abro el mensaje:

“No sabes, como me has puesto. Te propongo un trato que no podrás rechazar: Me dejas pagarte este banquete y te olvidas del préstamo si me dejas comer tu entrepierna por última vez”

Cierro los ojos y busco la manera de autocontrolarme, no estoy sobria del todo, pero estoy segura que todo esto es una locura. Le contesto con una sola palabra:

“¡Cerdo!”

Pero me batea el corazón con fuerza. Como imaginaba, Alex no va a rendirse y me vuelve a mandar otro mensaje:

“Dentro de 10 minutos en la segunda caseta de la playa. No te apures solo yo tengo la llave. Te espero, preciosa, vas a volver a ver las estrellas. Te lo prometo”

Me dirijo al lavabo, mojo mi nuca y me miro al espejo, diciéndome a mi misma que no cometa ninguna locura, que no me deje embaucar, que con él se acabó, que estoy recién casada ¡con Kevin...!

En ese preciso instante en el que mi prima me comenta:

- Oye, has bebido demasiado...estás colorada.

Sonrío mirándola a través del espejo  queriendo afirmar esa apariencia, aunque mi sofoco no viene solo por el exceso de alcohol, precisamente...

Parte I 

Parte II

Parte Final

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