Hace unos años....
Veraneábamos en el mismo pueblo costero, pasábamos largas horas juntos, buceábamos por las mañanas luego recuperábamos el aliento y la temperatura tumbados en la arena blanca de nácar molida, bajo los rayos tenues del sol del ocaso.
Otras veces dábamos largos paseos entre las rocas atrapando mejillones y cangrejos, o simplemente buscando un acantilado apropiado desde donde tirarse al mar, paseábamos por la tarde, coincidíamos con nuestros amigos a la luz de la Luna en charlas interminables, repletas de complicidades entre ella y yo.
Dormíamos en nuestros bajos apartamentos, con las ventanas abiertas de par en par para evitar el calor de las noches de Agosto, una de esas noches me metí en su dormitorio, envuelto en una sábana y la quise asustar, pero ella me sorprendió cuando me dijo:
—¡Ya te vale, jajajaja ¡no das nada de miedo! ¡Quítate la sábana y bájate los pantalones!
Salí corriendo, no se si me reconoció, debo admitir que no fue una gran idea, desde luego sus reacciones no eran previsibles y por lo tanto me sacaban de punto.... pero me gustaba eso.
Para arreglarlo.....

Debo admitir que me moría por verla a solas de nuevo, llegó el día en el que por azar coincidimos en un parque, llevaba una blusa negra que le quedaba genial y jeans y yo una camisa de cuadros claros y unos tejanos gastados de color verdoso.
Me acuerdo perfectamente.
Me espantó verme a mi mismo diciéndole que la encontraba muy guapa y no se porqué inmediatamente empecé a sonrojarme, quizás por los nervios, quizás porque sus ojos cristalinos empezaron a clavarse en mi boca mientras hablaba, cuando aparecía su sonrisa burlona se le abría la cara, entonces para mi ya desaparecía todo, mis manos ya no me obedecían y ahí demostré gran torpeza, una de las bolas del helado que estaba tomando se despegó misteriosamente del cucurucho por ir a recuperarlo, rebotó en mi cara dejando su huella y siguió rodando por el pecho, hasta aplastarse en el suelo, no sin antes dejar su huella por toda mi ropa, llevaba dos botones de la camisa desabrochados, naturalmente eso desató su risa compulsiva y mi azoramiento infinito, deseaba con todas mis fuerzas que la tierra me tragase.....
Entonces .... se ofreció a limpiarme, sacó un klenex y me ayudó sacar los restos de chocolate del pecho, pero el tacto de sus dedos sobre el vello y la piel de mi pecho, me puso la piel de gallina y solo consiguió ponerme más rojo, creo que parecía un semáforo, por lo ridícula de la situación y porque me estaba paralizando por momentos, lo que pasó después me inmovilizó aún más, acercó su rostro a mi cara y los restos que del helado quedaban en mi cara, los limpió con su lengua, yo estaba inmóvil sin saber que hacer, hasta que su lengua bajó y me besó en los labios.
Unos días después ....
- ¿Tienes frío?
- No, así estoy bien...
Ella estaba apoyada en mi pecho, mientras la rodeaba la cintura con mis brazos, dejando las manos muertas sobre su vientre. Jamás me había sentido tan a gusto como en aquel momento, como si estuviéramos juntos de toda la vida.
Una sábana blanca de algodón nos cubría, los ojos cerrados y nuestra respiración ralentizada, rompí el silencio por fin para decirle en voz muy baja:
- ¿Te he dicho alguna vez que eres más que una amiga para mí?
Noté como por fin no sabía que contestarme, solo sus ojos azules se abrieron como dos platos, parecía que tuvieran un interrogante gigante, me miraban analizándome de arriba abajo, conocía bien ese gesto, era como si me pidieran que siguiera hablando.
Tardó unos minutos en reaccionar y negó con la cabeza muy lentamente, la miré fijamente
- Pues ya lo sabes. Te quiero.
- Yo... También.
Se acurrucó contra mi pecho, apoyó su cabeza contra mis hombros y recuerdo el frio en mis manos, esos cabellos rubios inundándolo todo, antes de quedar dormidos.
Pasó el verano y ya no la vi nunca más, no volvió por allí pero me dejó una sonrisa inmensa, un beso robado con sabor a frío chocolate y duces labios ardientes.......
Etiquetas: beso , chocolate , encuentro , romanticismo
Me quedé de piedra....
Estaba inmobilizado, no podía ser, al mirar las fotos del móvil, aparecía una extraña mancha azul, apliqué el zoom una y otra vez, pensé que era un reflejo de luna, pero no, parecía un espejo, al ampliar la imagen, se fué convirtiendo en un rostro pixelado, una cara que se parecía mucho a uno de mis contactos del messenger, una intrigante mujer, quizás mi cerebro me estaba gastando una de sus bromas, pero la luz azulada se tornó en una larga cabellera grisácea, quizás blanca, y en medio un rostro poco definido, pero sonriente, tranquilo, perfectamente delimitado y una indumentaria semitransparente, que se confundían con la espesura del bosque..... ¿quién no ha confundido en la negrura, un tronco de árbol con algún cuerpo mitológico?
Todo empezó por casualidad, como suelen suceder las cosas, en una zona del inmenso y despoblado valle de Antares, entre León y Pontevedra, en una noche fría, con una luna llena, brillante y luminosa, en un bosque de árboles muy retorcidos, negro, espeso, tétrico, muy solitario, lleno de ruidos extraños, de ramas crujientes, de pisadas inexistentes y los escalofríos, provocados por las sombras de las ramas mecidas por el viento, luces grisáceas, tonos azulados, estaba padeciendo una explosión de sensaciones mágicas pero aterradoras, no se como ni por que razón, al ir a guardar el móvil, se disparó la cámara, no le dí más importancia.
No conté a nadie mi extraña visión, pero esto era la noche siguiente y estaba perdido en el mismo sitio, esta vez con la cámara digital, haciendo fotos compulsivamente, a cada oscuro rincón, impregnándome de una magia especial, creyendo ver en cada sombra un cuerpo, diamantes refulgentes en cada rayo de luz grisácea, filtrados entre las hojas de las espesas ramas de los árboles.
Al ampliar las fotos, siempre aparecía ella, sonriendo complaciente, en cada imagen, una y otra vez, desafiante, me temblaban las manos, esta vez no tenía dudas, era una 'meiga', me tendía sus manos suaves rosáceas, volvieron los escalofríos, no sabía que representaba esta situación, ella era iriscente, de otro mundo, su luz brillante me hipnotizaba, estuve horas admirando aquella frágil visión. Había oído hablar de ellas, pero nunca creí que realmente existieran. De repente me sentí impregnado de magia. Mi vida había dejado de ser una rutina.
No pude dormir.
Al día siguiente por la mañana, tenia que utilizar el portatil, enviar unos trabajos por el correo, ella estaba conectada en el msn. Casi me da algo.
-Esta noche te he visto. Escribí como pude (puse la foto en el avatar).
Un buen rato sin contestar.....
-Por favor, no divulgues mi secreto. Te espero esta noche.
(Siempre he pensado que los contactos del msn tienen algo de irreal, algo que los hace intangibles)
Esta nueva noche, era terriblemente oscura, una nube negra tenía la culpa, tapaba la Luna a intervalos, lo que daba la sensación que el bosque se iluminaba de repente con una gran lámpara, no pasaba nada, pero estaba absorto en mis cavilaciones, me despertó un aroma a pétalos de violeta que entró violentamente en mi interior, me sentía embriagado, como borracho, flotando y dando vueltas entre aquellos árboles, luego un murmullo como de agua cristalina que se confundía con unas risas plácidas, y por fin una brisa de mar templada que me atravesaba, cerré los ojos y pude ver una larga cabellera de plata que se confundía entre los densos matorrales.
Noté una caricia suave en el rostro, unas manos de suaves que me cojían mis manos y luego unos labios tremendamente carnosos y dulces me dieron el beso más tierno que jamás me han dado. A veces dudo si esto fue real, el lugar se llenó de mariposas gigantes, quizás mi mente estaba condicionada por los curiosos acontecimientos.
Las cosas terrenales más valoradas, penden de finísimos hilos
— Edmund Waller, poeta inglés.
Abrí los ojos y el aroma de los pétalos se transformó en aroma de tierra mojada, los sonidos cristalinos en el ulular del viento entre las ramas y el aire se tornó tremendamente gélido. Todo desapareció. La Luna se ocultó del todo y me encontré sentado en una piedra encorvado sobre mi mismo.
Etiquetas: beso , caricias , magia , meigas , romanticismo

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