domingo, 4 de diciembre de 2016

Hace unos años....
Veraneábamos en el mismo pueblo costero, pasábamos largas horas juntos, buceábamos por las mañanas luego recuperábamos el aliento y la temperatura tumbados en la arena blanca de nácar molida, bajo los rayos tenues del sol del ocaso.

Otras veces dábamos largos paseos entre las rocas atrapando mejillones y cangrejos, o simplemente buscando un acantilado apropiado desde donde tirarse al mar, paseábamos por la tarde, coincidíamos con nuestros amigos a la luz de la Luna en charlas interminables, repletas de complicidades entre ella y yo.

Dormíamos en nuestros bajos apartamentos, con las ventanas abiertas de par en par para evitar el calor de las noches de Agosto, una de esas noches me metí en su dormitorio, envuelto en una sábana y la quise asustar, pero ella me sorprendió cuando me dijo:

—¡Ya te vale, jajajaja ¡no das nada de miedo! ¡Quítate la sábana y bájate los pantalones!

Salí corriendo, no se si me reconoció, debo admitir que no fue una gran idea, desde luego sus reacciones no eran previsibles y por lo tanto me sacaban de punto.... pero me gustaba eso.

Para arreglarlo.....


























Debo admitir que me moría por verla a solas de nuevo, llegó el día en el que por azar coincidimos en un parque, llevaba una blusa negra que le quedaba genial y jeans y yo una camisa de cuadros claros y unos tejanos gastados de color verdoso.

Me acuerdo perfectamente.

Me espantó verme a mi mismo diciéndole que la encontraba muy guapa y no se porqué inmediatamente empecé a sonrojarme, quizás por los nervios, quizás porque sus ojos cristalinos empezaron a clavarse en mi boca mientras hablaba, cuando aparecía su sonrisa burlona se le abría la cara, entonces para mi ya desaparecía todo, mis manos ya no me obedecían y ahí demostré gran torpeza, una de las bolas del helado que estaba tomando se despegó misteriosamente del cucurucho por ir a recuperarlo, rebotó en mi cara dejando su huella y siguió rodando por el pecho, hasta aplastarse en el suelo, no sin antes dejar su huella por toda mi ropa, llevaba dos botones de la camisa desabrochados, naturalmente eso desató su risa compulsiva y mi azoramiento infinito, deseaba con todas mis fuerzas que la tierra me tragase.....

Entonces .... se ofreció a limpiarme, sacó un klenex y me ayudó sacar los restos de chocolate del pecho, pero el tacto de sus dedos sobre el vello y la piel de mi pecho, me puso la piel de gallina y solo consiguió ponerme más rojo, creo que parecía un semáforo, por lo ridícula de la situación y porque me estaba paralizando por momentos, lo que pasó después me inmovilizó aún más, acercó su rostro a mi cara y los restos que del helado quedaban en mi cara, los limpió con su lengua, yo estaba inmóvil sin saber que hacer, hasta que su lengua bajó y me besó en los labios.

Unos días después ....

- ¿Tienes frío?
- No, así estoy bien...

Ella estaba apoyada en mi pecho, mientras la rodeaba la cintura con mis brazos, dejando las manos muertas sobre su vientre. Jamás me había sentido tan a gusto como en aquel momento, como si estuviéramos juntos de toda la vida.
Una sábana blanca de algodón nos cubría, los ojos cerrados y nuestra respiración ralentizada, rompí el silencio por fin para decirle en voz muy baja:

- ¿Te he dicho alguna vez que eres más que una amiga para mí?
Noté como por fin no sabía que contestarme, solo sus ojos azules se abrieron como dos platos, parecía que tuvieran un interrogante gigante, me miraban analizándome de arriba abajo, conocía bien ese gesto, era como si me pidieran que siguiera hablando.

Tardó unos minutos en reaccionar y negó con la cabeza muy lentamente, la miré fijamente

- Pues ya lo sabes. Te quiero.
- Yo... También. 

Se acurrucó contra mi pecho, apoyó su cabeza contra mis hombros y recuerdo el frio en mis manos, esos cabellos rubios inundándolo todo, antes de quedar dormidos.

Pasó el verano y ya no la vi nunca más, no volvió por allí pero me dejó una sonrisa inmensa, un beso robado con sabor a frío chocolate y duces labios ardientes.......

sábado, 4 de abril de 2009



Permitirme que ponga esta foto, de la cual me gustan muchos pequeños detalles, quizás el antes y después de ese descontrolado mordisco a esa tableta. ;-)


Pero quizás lo que más, esa sonrisa tipo 'Monna Lisa', jocosa y pícara.





Quizás sea el vínculo de los que estamos metidos aquí, sea la imaginación o el interés por las diversas formas literarias o el lenguaje visual, a juzgar por los blogs asiduos (y los que no lo son tanto), a los que estoy enganchado, cada uno en su propia personalidad, pero desencadenantes todos ellos de la expresión de esa imaginación que es capaz de activarse con detalles mucho más minúsculos.


Aquí un vídeo inocente que desarrolla un poco más estos impulsos.

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