viernes, 20 de noviembre de 2009

-¿500 Euros? entonces, ¿eres puta?

-Sí, soy puta de lujo, ¿No te pareció demasiado fácil que accediera a tus deseos?

-Lo mismo iba a decirte yo. Soy gígolo de reconocido prestigio.

-Mira te confesaré algo, si no fuera puta, igual hubiera accedido a acompañarte a casa, me provocas unas extrañas vibraciones.

-Lo mismo me pasa a mi.

-Al menos ya que estamos aquí, ¿Puedo probar la mercancía?, me ha picado la curiosidad.



-Es lo mínimo, aquí tienes.


El gígolo entreabrió parte de su bragueta y entre sombras se pudo adivinar la forma de la daga oculta, capaz de convertir noches, en festivales llenos de magia y placer.

Ella desabrochó dos botones más y a duras penas pudo abrazar con una sola mano aquel gusano venoso descomunal.

-¿Puedo ver probar tu rabo?

Preguntó tímidamente con la voz entrecortada

-¿Por qué no?

Bajó la piel suavemente, mientras las potentes pulsaciones de aquellas venas se transmitían fielmente en la palma de su mano, un glande esférico inmenso, quedó al borde de sus dedos a punto de desbordarse.

Pasó su lengua, suave carnosa y deliciosamente entrenada para estos menesteres, entre los deslizantes lóbulos granatosos, aquella polla tenía un sabor especial, pasó su saliva dulcemente y luego levemente lo metió entre sus labios, profundizando su examen en la boca, un mecanismo incontrolado le provocó una descarga eléctrica por toda la espalda, una explosión de sabores le golpeó el paladar, mientras aquel rabo se debatía por aumentar su tamaño, haciéndole temer por su mandíbula ya abierta al máximo, puesto que con una sola mano era incapaz de sustentarlo.

Con la otra mano, a ciegas rebuscó en el bolso, rapidamente depositó un billete de 500 € en la mesilla de noche, pero allí ya había desde hacía un buen rato, otro billete solitario de igual cuantía.

jueves, 9 de abril de 2009

-Dame un euro

-¿Ehhhh?. ¿Solo un euro?

-Eso bastará, de hecho debiera pagarte yo a ti

-Ni hablar, quiero que me cobres como a los demás.

-¡Antes muerta!. Tu no eres como los demás, no entiendo la mitad de tus palabras, pero me gusta oírte hablar despacio, respetas las palabras, las piensas, y me haces sentir cosas, me siento importante al hacerte feliz.
Normalmente mis clientes me hacen sentir mal, cuando acaban se quedan mudos, como arrepentidos de haber estado conmigo, se visten y se van sin mirarme, o se duermen entonces se me queda un hueco en el pecho, porque me siento utilizada como una colilla ya apagada, me gustaría oírles decir cualquier bobada.

–Yo vengo a comprar tus caricias, no ha enamorarme, quiero romper mi soledad, si te pago solo un euro, no me sentiré bien, habrás pérdido tu tiempo y yo mi dignidad, puedo pagarte bastante más y sería justo hacerlo. Mis lectores empiezan mis libros de poesías y los dejan a la mitad encima de la mesilla, o se aprenden burdamente cuatro frases para recitarlas a sus amadas. Tu me escuchas atenta, con esos ojos tan abiertos, tus caricias son la poesía de mi piel, su precio es infinito.

-Fóllame otra vez y págame infinito entonces.

-¿Sabes? Eres incorregible, me callaré y entonces sin el pago de mis palabras deberás cobrarme lo que es debido.

La puta lo miró divertida.

-Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.....

-¿Tienes contestación para todo eh? pero no pares la poesía, debe escucharse entera.

-Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Neruda

El poeta arrancó a la puta unas lágrimas y sintió como la inspiración se retorcía en su interior al ver como la emoción se adueñaba de aquella cara, y se inundaban aquellos ojos tan abiertos.

Lo que le gustaba de ella, es que era así.

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