miércoles, 9 de julio de 2014

Aquel sería el último cuadro en que pintase su espalda pero no lo sabían.....

Cuando conozca tu alma pintaré tus ojos.
(Amedeo Modigliani)

- Yo quiero un cuadro de frente. 
- No, no puedo. 
- ¿No te gustan mis curvas, son difíciles de dibujar para un pintor como tu? 
- En absoluto las tengo en mi mente, mis dedos pueden dibujarlas incluso con los ojos vendados, el problema son tus ojos, no me atrevo a dibujarlos sin conocer tu alma. 
 - ¿Cuándo quieres que te presente a mi alma? 
- Ahora mismo. 

Le pidió que le mostrase el dorso y se tumbase en el diván, el pequeño taller se expandió como el aceite sobre el mar y el silencio se adueñó de la estancia. Hasta las paredes parecían latir mientras el vestido se despeñaba al vacío desde los hombros. 
La mirada cobró tacto.... se volvió labios. 
De esa manera tan cruel profanó su desnudez, los labios tatuaban con besos su nombre, la lengua recorría cada centímetro entre el cuello y las nalgas. Conocía cada rincón secreto, cada poro, cada pliegue. El tacto se correspondía a las reacciones de ella a cada sigiloso reclamo en movimientos imperceptibles y ocultos espasmos de placer. 
Gimieron al unísono. 
El pincel se volvió lengua. 
La piel dormida se volvió lienzo. 
Y el lienzo codiciaba euforia, el reguero de saliva la vestía por partes, eliminaba el frío y la hacía estallar en llamas, los dolores de cuello y las heridas desaparecían como por arte de magia, la tela se licuaba en un mar embravecido. 
El lienzo se tornó piel erizada. 
Notó como entre los muslos el deseo florecía, gustó de seguir acariciando ese resquicio mágico, caprichoso, indescifrable…y el milagro derritió hielos, anuló mentes y propuso traspasar límites . Los corazones se volvieron tambor. 
Latieron juntos toda la noche.
                                                                                                                                        Agradecimiento 
                                                                                                                              Denis Chernov, 1978
(Sambir, Lviv, Ucrania)
 para ilustrar este post
(aunque él no lo sepa)

                                                                                                                                  

domingo, 5 de diciembre de 2010

Todo empezó en una tarde ociosa, entré por casualidad en una desvencijada tienda de antigüedades, el intenso olor a viejos barnices sobre madera creo que me anuló el pensamiento, muebles de madera y espejos en retorcidos marcos de forja, parecían ocultarme historias ancestrales, de repente apareció aquél lienzo misterioso, una tela recubierta totalmente por una pintura de color chocolate, no se porqué me fascinó, quizás la magia de entrever una escena oculta y tapada burdamente, el caso es que compré un antiguo reloj y conseguí que me regalara la tela puesto que me avergonzaba mostrar interés por ella.....

Estaba fascinado, al llegar a casa apliqué cuidadosamente agua y jabón, pero bajo cada capa de color oscuro aparecía otra, dejando entrever en el fondo una leve silueta de mujer, desafiante de su anonimato lo cual me reavivaba la curiosidad con saña, esta vez apliqué disolventes mas poderosos, el anticuario ya me había advertido que se lo compró a un anciano peregrino que venía de muy lejos, estaba terriblemente intrigado pero la masa compacta de pintura negaba a mis ojos desvelar la escena que ocultaba, aunque yo cada vez estaba mas convencido que allí había algo siniestro.

Despues de muchos intentos y ver que estaba destrozando todo el soporte, di por finalizada la limpieza de modo que colgué el lienzo como si fuese un tapiz en forma ornamental en mi propia habitación, luego entré en un profundo sopor, los grises rayos de Luna y las sombras de la ventana iban dibujando sobre el lienzo la imagen de una hermosa mujer que sostenía unas naranjas entre sus pechos pero no podía distinguir su rostro a pesar de mis esfuerzos por ponerle rasgos.


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Eran las 10 de la mañana como siempre abre la casa con su llave, parece que hasta los escalones saben lo que va a pasar, cuando sube los peldaños de la casa, para luego a ir a cambiarse por ropa de trabajo, mas ligera de acorde con las tareas domésticas para las que fué contratada.
En el piso superior ha visto cerrada la puerta del dormitorio del hombre que la contrató, deduce que aún está durmiendo.

Se quita sus ropas de calle y cubre su desnudez solamente con una blusa ligera y falda lisa blanca, sobria, le permite mas libertad de movimientos aunque dibuja unas caderas firmes y marca su estrecha cintura. Lleva recogido el cabello en un moño y su rostro se ve apenas entre las sombras. Sus ojos brillan en la tenue penumbra.

Ya está preparada, para empezar se dirige al jardín del fondo de la casa. Cada día antes de sus tareas se evade entre la vegetación, aspirando el aroma y tocando con suavidad las naranjas que cuelgan de las ramas, los colores, a esta hora, están muy vivos, el sol reactiva los tonos, entre contrastes de verdes y rojos, llenan su mirada y el perfume de la fruta madura su olfato, los ojos se transforman, brillan y su mente se activa.
Su semblante ahora se ha quedado sin sonrisa, muerde sus labios y su cara muestra un rictus de excitación extrema.

Recoge algunas naranjas, las más hermosas, no tiene cesto, abre su blusa y las coloca entre sus pechos, se siente presa de un gran poderío al colocar entre sus pechos aquellas esferas naranjas calientes por el sol compitiendo con su piel.

Sube los siete peldaños que la conducirán a su habitación del dueño de la casa. Lleva las naranjas, apretadas a su cuerpo, se atusa el pelo, estira la falda. Hace un movimiento del cuerpo y se despoja totalmente de la blusa. Sus tetas firmes de pezones rosados, compiten duramente con las naranjas, con el hombro empuja la puerta y penetra en la habitación dominada por la oscuridad. En el fondo del cuarto está la cama, y hacia allá se dirige con las frutas sostenidas con las dos manos. Se escucha el respirar profundo del aquel hombre atrapado en su propio sueño, y ella se queda de pie ante la cama, en silencio mirándole tiernamente.
Repentinamente, la mujer arroja las naranjas sobre la cama, a su lado y lo toca suavemente. El hombre se mueve tratando de incorporarse. Cuando se sienta al borde de la cama, ve entre sombras a la mujer semidesnuda en el lienzo. Tiende las manos para atraerla hacia el lecho, pero la mujer le mira impávida desde su cárcel de tela.


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Con el sol la pintura se ha cuarteado y aparece en el cuadro una mujer como la de su propio sueño....En la cama hay espacidas 5 grandes naranjas al lado de su cara.

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