"Lo más importante es quitar el miedo de los pacientes.
La visión de los escotes distrae del dolor..."
Marie-Catherine Klarkowski
Entre las sillas verdes de la sala de espera, las revistas antiguas sobre una especie de mesilla, decoración que parecía elegida por alguien con alergia al buen gusto, las miradas huidizas se cruzaban como si todos compartieran el mismo pensamiento:
"Aquí vamos a morir, pero va a ser de forma ruidosa"
Los alaridos del último paciente, desaparecido en la consulta como si la hubiera tragado un Sarlacc, corroboraban este pensamiento, sugerían que allí dentro no curaban bocas, hacían experimentos con las cuerdas vocales. Los gritos se mezclaban con el zumbido de mini-aspiradores, chorrillos de agua y tornos que sonaban como si un duende enfadado estuviera afilando un sable láser.
Las rodillas de los pacientes temblaban tanto que hasta sonaban sus temblores, maravilloso verlos fingir dignidad mientras cada músculo de sus caras gritaba: "¡No quiero estar aquí, pero tampoco quiero admitirlo!".
---oooOooo---
Cerré los ojos en aquella postura de mártir voluntario, ahora venía el momento: “charla tranquilizadora”. Ese ritual absurdo en el que el dentista asegura que “no es para tanto”, justo antes de meter en tu boca algo que parece diseñado por Torquemada con delirios de ingeniero.
Lo que ya me extrañó y debería haberme hecho salir corriendo, fue la bata de la dentista, tan corta que daba la impresión de que había habido un accidente con la secadora. Tampoco había auxiliares a la vista, detalle que en retrospectiva me hizo pensar que quizá tampoco había licencia sanitaria a la vista.
Me llamó con una vocecita sensual vocalizando bien, de esas que se usan para engañar a los gatos para que entren en el transportín.
Noté que llegaba mi hora por el olor. Perfume intenso, de esos que te obligan a abrir los ojos… o a cerrarlos más fuerte, por si acaso y mientras yo seguía en modo “cadáver obediente”, sus manos bajaron sobre mis hombros con una suavidad sospechosa. La clase de suavidad que anuncia problemas.
Entreabrí un ojo. Ahí estaba ella: sonriendo, sin máscara, sin guantes, sin el más mínimo respeto por los protocolos sanitarios o por las normas básicas del sentido común.
-¡Venga, abre la boca! O la abres tú o te la abro yo, tu eliges.
Encantadora. Como una mezcla entre Freddy Krueger y un funcionario carcelario con mal despertar.
Intenté estirar aquel instante previo al horror y pensar en cosas bonitas, como anestesia sin dolor o escapatorias dignas. Pero entonces su perfume me rodeó, después sus labios, después… digamos que la higiene dental dejó de ser la prioridad del encuentro.
A partir de ahí todo adquirió una cualidad… poco profesional.
El mini chorro de agua a presión cambió de dirección, hacia sus pechos, generando unas evidentes transparencias en la tela, seguido de un:
-¡Ohhh, que mala puntería!
La bata decidió rendirse, los botones saltaron con dignidad, y antes de que yo pudiera procesarlo, ya había pasado a un capítulo completamente distinto del folleto informativo del seguro dental. Tenía la sensación de que, si sobrevivía, iba a necesitar terapia o un manual de mantenimiento.
No entraré en detalles, para dar pie a la imaginación del amable lector pero digamos que la escena derivó en actividades que no vienen explicadas en el tema estricto de una limpieza bucal.
Hubo gritos, quejidos, rugidos, pero las súplicas venían en sentido contrario para que no acabara todavía. No estoy orgulloso de nada, salvo quizá de mantenerme consciente.
---oooOooo---
-¡El siguienteeeee!
De repente empecé a oir un aplauso como "in crescendo", luego poco a poco dicho aplauso se convirtió en cachetes en la cara. Ahí estaba yo, tirado en la sala de espera, empitonado, rodeado de gente que me miraba como si acabara de protagonizar un documental sobre fobias extremas. Me había desmayado, aparentemente sin espectáculo adicional.
Extrañamente, me levanté como un resorte y entré sonriente en la consulta, ya con la boca abierta, preparado, casi ilusionado.

Era la madrugada del sábado cuando oí la puerta, mi novia había salido hacia el trabajo. Miré el despertador y no eran todavía las 7, me retorcí sobre mi mismo en la cama para seguir durmiendo y así lo hice pues me encontraba bastante cansado. Una media hora después me desperté sudoroso y con la respiración entreanchada. No, no había sido una pesadilla ni nada parecido, había sido un sueño erótico con polución nocturna incluida.
Cerré los ojos y me concentré, pues el gusto que tenía en todo el cuerpo después del sueño era tan grande que intentaba conservarlo dentro de mi mente durante el mayor tiempo posible. Me acurruqué como un ovillo, bien tapado con la manta. Estaba relajado intentando regresar al fuego onírico, pero era tal la excitación que ya no podía volver a dormir.
Miraba con desesperación el despertador que iluminaba con sus destellos la obscuridad y compartía conmigo en silencio lo despacio que pasaba el tiempo.
Instintivamente me llevé la mano entre mis muslos y al pasar los dedos por encima de mi pantalón de pijama noté como estaba mojado, como pocas veces, retiré el elástico de mi prenda íntima y pasé los dedos directamente por mi polla que estaba hinchada y dolorida como si hubiera echado 3 polvos seguidos... Estaba realmente excitado y debía haber disfrutado de unos buenos momentos que intentaba recordar pero lo hacía vagamente...
¿Qué era lo que me había excitado tanto?
Indudablemente un sueño erótico de lo más ardiente, fue entonces cuando de repente empecé a recordar... La imagen de mi sueño se iba dibujando lentamente en mi cabeza:
Yo salía de un edificio solo con una camisa blanca cuello mao y unos jeans, no llevaba ropa interior, nada más, podía notar como el aire frío se metía por debajo de mis mangas, era una sensación muy placentera... luego entraba en un bar y... aparecía una chica que me miraba como si adivinase que yo no llevaba ropa interior solo iba con la camisa blanca.... Pero.... qué tontería!
Me levanté medio sonriendo y medio enfadado, por no haber podido dormir como me hubiera gustado para seguir disfrutando de mis sueños. A las 9 ya había desayunado. ¿Qué podía hacer? Esperar en casa a que volviera mi novia, no era una idea que me atrajera, ya que eso podría hacerse largo, así que opté por salir de compras, aunque al final no comprase nada. Me encanta ir a chafardear por las tiendas de deportes y con mi novia es imposible porque no siempre tiene paciencia, así que pensé en dedicarme a mí durante toda la mañana.
A las 11 ya estaba en la zona céntrica de Barcelona, donde estaban todos los comercios. Yo miraba los escaparates, entraba en las tiendas curioseaba, sin ánimo de comprar nada. De pronto, me dio un vuelco el corazón.
-Soñé que te tuve, durante tres largos días.
La miro y no contesta, pero me doy cuenta que no puede haberme oido porque no recuerdo haber emitido mi propia voz, luego me acuerdo que hace unos meses había estado con ella, saboreando su piel y susurrándole al oído todo tipo de cosas, ¿tan rápido pasa el tiempo? o quizás he vuelto a mezclar deseo con realidad.
Ahora estamos en un bar y esto parece algo de otra vida, no se como hemos llegado los dos aquí, frente a frente, me estoy dando cuenta que no paro de repasarla con mis ojos, me pasaría la vida entera mirándola, por fin abro la boca y le digo.
-Quizás debería olvidarme de ti y buscarme una chica que quisiera estas palabras que aún no te he dicho, pero ninguna otra tiene tu sonrisa, tu voz o tu mirada cristalina.
-Ni mis tetas o mi culo.
Añade ella con una sonrisa pícara y se deshace todo el encanto, noto que enrojezco.
Por suerte en el espejo que tenemos delante veo que aún no he abierto la boca, lo cual me alegra, aún tengo otra oportunidad, la vida dura lo que tarda en esfumarse un momento y yo soy experto en 'esfumarlos', tomo un sorbo de cerveza mientras la conversación paralela sigue por otros cauces pero mis mejillas siguen de color carmesí.
-¿Estás tonto?
-Creo que si.
-¿Se puede saber porqué me despiertas a las tres de la madrugada?
-Porque en este momento no estabas soñando conmigo.

-No puedes saber eso, además despertarme no es la mejor forma de entrar en mis sueños.
-Si me estuvieras soñando no te pondrías así.
-Me has quitado las sábanas y te has puesto encima, supongo que también crees que puedes substituir el tacto del fino algodón sobre mi piel.
-Quería abrazarte y me molestaba tener tela entre nosotros.
-¿Y por que has puesto la manta eléctrica a la máxima temperatura? Me estaba ahogando.
-Me hubiera gustado que en nuestro sueño estuvieramos en una playa caribeña.
-Conclusión, que no solo quieres entrar a la fuerza en mis sueños en plan violación mental en toda regla sino que además eliges tú el escenario, esto es el colmo de la caradura.
Supongo que encima debo estar agradecida que no me hayas tirado un vaso de agua para simular las olas.
-Estuve tentado.
-¿Sabes? No es la forma correcta de entrar en los sueños ajenos, los sueños no se pueden forzar, se entra o sale de ellos suavemente con discreción y de común acuerdo.
-Yo quería soñar contigo pero ya que te tenía al lado, pensé que era mejor abrazarte que soñarte.
-Y por eso metes tu pierna entre las mías, me quitas las sábanas, mordisqueas mi cuello y pones la manta eléctrica a tope.
-Pensé que así podía entrar en tu mente, se supone que está desconectada.
-Bueno no has conseguido entrar en mis sueños pero ya que me has desvelado ¿Podrías follarme ahora?
En estos momentos ella se despertó sobresaltada en medio de la noche.
Todo estaba en orden pero tenía las sábanas entre los pies y extrañamente el termostato de la manta eléctrica se había activado, sudaba y ahora tenía un calor de mil demonios. El máldito caradura había conseguido entrar otra vez en sus sueños.....
¿Qué es la vida?Una ilusión, una sombra, una ficción,y el mayor bien es pequeño;que toda la vida es sueño,y los sueños, sueños son.Pedro Calderón de la Barca
Al lado de su cama tenía una libretita de anillas y un lápiz recién afilado, cada vez que se despertaba por la noche antes de hacer nada más intentaba recordar su sueño, ahí aparecía él, entonces encendía una lamparita y anotaba con una sonrisa todo lo que podía recordar mientras se ruborizaba al recrearse en algunas escenas de sus sueños oxidados.
Entre paréntesis iba añadiendo los detalles que le gustaría cambiar, las cenas bajo las estrellas en las que no podía distinguir los alimentos pero si la forma de bailar o los achuchones románticos y besos etéreos, intentándolos hacer más carnales, añadiendo sensualidad y quitando nebulosidad, poco a poco fue dibujándole las manos, sus ingles, la fortaleza de sus hombros, la forma de moverse, de andar, de atusarse el pelo, le enseñó a acariciarla como a ella le gustaba, dulce y de forma animal, las miradas, el color de los ojos, estatura ideal, tono de voz y la forma de hablar, añadiéndole las frases que deseaba oír, incluso los olores y sabores ficticios que podía desarrollar.
Antes de ir a dormir leía atentamente la libretita e intentaba que se cumplieran sus instrucciones al pié de la letra, poco a poco el hombre soñado empezó a tener un rostro perfilado, una sonrisa recordable y un cuerpo terriblemente acogedor del suyo.
Esta vez sonrió maliciosamente antes de sumirse en el sueño, en su bloc había anotado entre paréntesis:
(no olvidarse de pedirle el móvil)
Está vez atrapó su lápiz y su libretita entre los dedos y se abandonó a Morpheo. Esta vez durante el sueño sintió su piel casi perfectamente, se estremecía con sus roces, se acordó de pedirle el teléfono y él le susurró unos números al oído, intentó despertarse para anotarlos pero no pudo....... a la mañana siguiente se había olvidado, lloró desolada y estrelló la dichosa libreta contra la pared.
Gritó horrorizada
Al mirarse al espejo comprobó que durante el sueño, en su pecho desnudo figuraban 9 números escritos con una letra deliciosa con el carmín de sus labios.
Supongo que entenderéis que no publique lo que pasó al cabo de 9 meses ..... para evitar futuras invocaciones y malos entendidos ......

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