
Un olor penetrante y dulce a tabaco y marihuana me envuelve cuando bajo los escalones que me llevan a aquel pequeño antro bajo la Plaza Real, los acordes de la música en vivo han empezado ya y los clientes se mecen en las sillas, rodeados de cervezas bajo el ritmo de una percusión hipnótica.
Observo a unos negros con gorras de colores y algunos conocidos de vista, uno me ofrece un trago de cerveza fría, otro me ofrece algo de hierba jamaicana, el efecto psicótico es casi inmediato, pronto estoy volando, la música me transporta a otra dimensión, siento como si subiera por las paredes para aterrizar una y otra vez en el mismo sitio, en este local se interpreta 'funk' y 'jazz' casi a partes iguales, los sonidos de los bajos penetran poco a poco en mi sistema nervioso, cada nota se mete mas que la anterior y penetra profundamente en la espalda y las piernas empiezan a desentenderse del cerebro y a obedecer a los músicos allí presentes.
¡Ah! por fin dejo de pensar y el cuerpo se suelta como si cada articulación y miembros se relajaran por completo, los brazos ondean como trozos de gasa bajo los efectos de la brisa, se mueven las caderas en lentas ondulaciones, los hombros se agitan por cuenta propia, fluidos y libres como las ramas de los árboles con el viento del mar.
Mi mente va enterrando gradualmente todas las ansiedades, tensiones y frustaciones, todo mi cuerpo se armoniza con la música, ahora estoy en la pista de baile, sincronizado con la pequeña multitud, dejo de observar a dos hombres besándose tiernamente a mi derecha, los enormes marines negros de delante moviendo impetuosamente sus músculos y la altísima y escultural negra a mi izquierda que se mueve con la flexibilidad de un junco, estoy completamente absorto en la plegaria de éxtasis entre mis movimientos y los acordes.
Una fina capa de sudor perlado cubre mi cuerpo, desde los poros del cuero cabelludo a la creciente humedad entre mis piernas, el ritmo pegadizo continúa, la pista de baile está tan abarrotada que rozo a los más cercanos con brazos, manos y caderas.
Noto una presencia que está detrás de mí, estoy demasiado concentrado como para darme la vuelta, de vez en cuando, una rodilla me roza ligeramente las nalgas, una mano me toca la cadera, por hipnótica que sea la música, el bailarín que me cubre las espaldas invade mi estado soporífero, me muevo hacia delante para huir, pero los pies descuidados de los rastas que tengo delante me obligan a retroceder.
Me tambaleo hacia atrás, siento unos muslos blandos que no retroceden, ahora se que se trata de una mujer, me vuelvo ligeramente para mirarla, pero las ondulaciones de mis caderas siguen haciendo que me frote contra mi propia erección, mi cuerpo empieza a implorar el contacto tan ansiado mientras mi espalda, caderas y culo se funden mas y mas con los movimientos de la desconocida, sus manos ahora guían los giros de mis caderas y bailamos en una sincronía casi perfecta.
Mi corazón pierde un latido cada vez que mi espalda o la parte posterior de mis muslos la encuentran en su camino, sus manos siguen aferradas en mis abdomen, esta vez sin recato, atrayéndome poco a poco hacia ella, hasta que siento su pecho contra mi espalda, la hebilla de su cinturón contra mi culo, la música me mantiene allí, no me asusto, porque el toque, la sensación, hasta el olor de esta desconocida me resultan familiares quizás bailamos también entre recuerdos del pasado ya olvidados y presencias por vivir.
Nos acompaña el olor penetrante y dulce del incienso y el color azulado del humo sobre el sudor que baña nuestra piel, olores que ahora me envuelven, me unen a su cuerpo, mientras la música sigue y el público se mece bajo su ritmo pegadizo.
Ahora sus manos me acarician de nuevo el abdomen, noto sus pezones rígidos contra mi espalda, todo está permitido en este oasis mágico envuelto en acordes, en el único momento de lucidez me da la impresión de que todos nos miran pero advierto que ese universo está entregado a los acordes, ignorando el entorno.
La desconocida me arrastra hacia su radio, cedo ante su fuerza suave, sus brazos me rodean, y nos mecemos con la percusión como si fuéramos uno, mis caderas le responden a ella automáticamente pasando de mis órdenes, presionándose contra ella, mas y mas, de alguna manera, su mano se ha movido discretamente bajo mi camisa y mi mano de una forma totalmente desobediente e impropia bajo los pliegues sueltos de su falda negra de gasa, sus muslos están totalmente mojados y sus bragas bajan con facilidad, noto que mis dedos comienzan un lento masaje siguiendo el ritmo que lo envuelve todo, mis dedos acompañan cada acorde del poderoso bajo con una embestida profunda, ahora, mi único temor es que la música llegue al clímax antes que yo, el suspense crece y crece, la pieza de funky es interminable, me tiemblan totalmente las piernas, estoy ardiendo y jadeante, no se como ella se ha metido en mi sangre, pero sus pequeñas contracciones incontroladas me hacen hervir.
Instintivamente, apoyo la parte posterior de mi muslo para frotarlo contra su sexo, ella entonces baja la cremallera y mete la mano bajo la bragueta de los jeans y empiezo a gemir, la tensión es muy fuerte, vuelvo la cabeza, pero la penumbra sólo me permite ver la silueta de una cabellera rubia, no importa ahora ya sé quien es.
En venganza no quito los dedos de su clítoris palpitante, quiero robarle su aliento, quiero oír sus gemidos sobre mi espalda, ahora un fuego frío me domina, me deja suspendido en el abismo interminable del vacío, mientras noto sus convulsiones y yo me disuelvo en una cadena de explosiones mientras su cuerpo estalla al unísono, se me doblan las rodillas, me apoyo en ella cuando estoy a punto de caer, sosteniéndome en sus hombros hasta que recupero el equilibrio.
La pieza termina, y la multitud se vuelve loca, aplaudo con la mirada, casi sin fuerzas y me vuelvo para besar a mi bondadosa compañera y estudio el cortejo previo para poder repetir el conjuro algún día, pero ya se ha ido.
Unos brazos potentes me ayudan a subir los escalones para salir del local.
-¡Pero si no quiero irme todavía!.
-No, no te vas, te echamos.
-¿Por que soy blanco?
-No, porque no sabes bailar, te has estado moviendo como un espantapajaros desacompasado toda la noche, pisando a todo el mundo y molestando con tus ridículos braceos, luego has empezado a proferir alaridos hasta que has desconcentrado a los músicos.
-Pero, yo le gustaba a esa chica.
-Esa chica era la cantante y ha bajado del escenario a ver si podía apartarte del centro de la pista y tu vas y le metes mano.
-¡Pero ella me ha metido mano a mi también!
-El que te ha metido mano es ese marinero negro que tenías delante al que por cierto has pisado repetidas veces, supongo que se ha pensado que era tu curiosa forma de cortejo.

Normalmente no actuamos así, pero pensamos en lo que podía ser y no fué, esa asignatura pendiente, la mezcla de ilusiones porque la realidad se empeña en ser diferente a la que nosotros dibujamos, ese cambalache de emociones contradictorias ...
Espero que os guste este video una especie de 'segunda' oportunidad, elementos desinhibidores, alcohol, llamada de la amiga, un coctel acerca de algunos tópicos.
Etiquetas: equívoco , erótico , oportunidad

Si quieres aparecer en esta lista solo tienes que registrarte y añadirte o pedirmelo con un coment.