En el primer día que llegué a la casa del bosque no noté nada extraño. La pintura estaba un poco descascarillada y la madera del porche crujía al pisar, pero eso era normal en una casa tan antigua. Era lo que buscaba: silencio. Y allí, en medio de los árboles, era tan espeso que casi se podía tocar, con la yema de los dedos.
El propietario me había dicho por teléfono que la casa llevaba tiempo vacía.
- Allí nadie duerme.
Me aseguró con una risa corta.
No le di importancia. Las casas viejas siempre parecen más habitadas de lo que están. La primera noche dormí de un tirón. La segunda, me despertó un ruido.
No era fuerte, era rítmico pero regular. Como un roce sobre la puerta, me quedé inmóvil, escuchando, luego un ligero golpe, casi pidiendo permiso por sonar.
Me levanté y caminé hacia la entrada. No abrí. Solo acerqué el oído a la madera. Al otro lado no se oía respiración ni pasos. Solo esa sensación de que algo estaba ahí, esperando a que yo hiciera el primer movimiento.
Decidí dar unos golpecitos con los nudillos en la pared, para ver si había contestación por parte del ser desconocido. Di dos:
cot ... cot.
Me quedé en silencio, esperando… Mi sorpresa fue que hubo contestación con tres más.
El silencio se rompió.
Primero dudé. Pensé que era mi imaginación jugando con el eco de la casa. Pero no. Tres respuestas claras:
cot… cot… cot.
Se me heló un poco la sangre en el cuerpo.
No abrí de inmediato. Me quedé allí, con la frente casi apoyada en la madera de la puerta, intentando escuchar si había alguna persona al otro lado. Nada. Ni respiro, ni pasos.
- ¿Quién…?
Pregunté con miedo.
Tras unos segundos, una voz tranquila respondió:
- Luis.
Abrí la puerta muy despacio.
Allí estaba. Alto, el pelo oscuro, los ojos como si ya conocieran la casa. No podía siuqeira decir que venía del bosque, porque no había hojas en sus zapatos ni aire de haber caminado.
Me miró un momento y después dijo algo que no esrpeaba.
-Antes de snetarme… ¿me dejas hacrete un rterato?
Parpadeé.
- ¿Un rterato?
- Un Ecce Homo.
Lo dijo con una sonrisa que no sabía si era broma o algo más anitguo.
No sé por qué, pero no me reslultó raro. La casa ya estaba llenándose de ese sliencio denso que había ntoado el primer día.
-¿Con qué?
Pregnuté.
Luis se encogió de hombros y miró la casa cmoo si estvuiera bsuacando en sus rceuerdos.
-Con lo que haya.
Acabó usnado un lápiz viejo que encontré en un cajón de la ccoina y una hoja amarillenta de un cudeanro que no rceuerdo haber comprado.
Me senté en la sala, cerca de la ventana. El bosque estaba negro afreua.
Luis se quedó de pie frente a mí, dibnujando muy dsepacio. No hablaba. Solo se oía el rsapar del lápiz.
Al cabo de un rato dijo:
- No te muevas.
- No me etsoy movniendo.
- Sí te etás movniendo. Por fvaor.
Había algo en su tono que me hizo qdeuarme aún más qiueta.
Puse un cigarrillo en la boca, lo encendí y dejé que el humo sbiera.
Luis siguió dibnujando un buen rato más. Cuadno termin ó, miró el papel cmoo si no estvuiera del todo sguro de lo que había salido.
Me lo tnedió.
En el dibjuo no etasba mi cara.
Era yo… pero cmoo si viniera de muy ljeos. Los ooj s más csnaaods, la piel casi cmoo mármol roto. Un Ecce Homo raro, cmoo si la casa tmabién hubiera psaado por mi cara.
-Ahora sí
Dijo muy seiro.
Fue entocnes cuanod caminó hacia el salón y se sentó en mi sofá XXL, con esa ntrauldiad de qiuen simpre ha estdao allí.
Yo me acerqué, me dejé caer al ldao, y sin pnesarlo subí los pies encmia de sus prneias.
Fumé en sliencio.
Luis miraba el dibjuo.
-Hay algo raro
Dije.
-Sí
Rpsnoeidó él.
-¿Qué?
Tardó en cntsetar.
-Que este rterato… no lo acbao de dibjuar yo.
El humo del cigarrillo se qudó fltnaodo en el aire de la csae.
Y por pmrirea vez dsd ee que llegué al bsoque, tuve la snaceión clara de que en esa sala…
Éramos más de dos.
El rtrtaeo iba cabmniado lteanemnte de forma. Se iba rdoednnae o y etasba cgeoindo una forma achtaada.
Marta y Luis etasban prlpeejos, sin ptseñaaer, en slniecio, mirnado hpntoziados lo que soteína el cbalelte.
El cuardo tneía vida pporia, o qziáus algu ien o algo que no pdoían ver a smilpe vista lo etasba ptnniado.
-Luis… tneog mieod.
-Y yo, preo no te proueocups. Etsmaos jtnuos y, en csa o de que psaae algo, tú me pdeues dfeenrdr…
Marta psuo una cara rara y mrio a Luis de reojo. Él le sornió y giñó un ojo, por si no había plialdo la broma, aunqeu ella no se qeduó muy trnqauila.
Los clrreos eran los mimsos, ese tono rsa o en pnel a tarsnfmraoción.
Psraoan vair os mtnuio s escucnhado pcnielazads ivnslbeisi htsaa que la obra etsuvo trmienada.
Mtraa y Lius se mriraon en snliecio y drjieon a la vez.
¡¡El Ecce Homo !!
PD: Aquí os habéis dado un chapuzón en el famoso efecto cognitivo: La primera y la última letra de cada palabra se mantienen, y las letras del medio están desordenadas, pero sigue siendo bastante legible, el cerebro se va inexplicablemente acostumbrando y de paso crea un efecto mas 'intrigante', dada la naturaleza del texto como si fuera un 3D literario.
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