sábado, 19 de septiembre de 2020

Definitivamente él era invisible a los ojos de todos, aquellos que ya lo sean, saben que es algo contra lo que se puede luchar, la invisibilidad es sobrecogedora.

Cuándo hablaba en alguna tertulia, nadie le replicaba, buscaba puntos de desencuentro pero ni por esas, no ser escuchado te lleva a la frustración mas severa,  por ello no había motivo suficiente para enfadarse con alguien, en el trabajo a todo decía amén. 

- ¡Haz esto!¡Haz aquello!

Lo hacía sin rechistar, sin quejarse, ni replicar, todos pasaban a su lado sin decirle nada. No existía. Cuando iba a bañarse al rio con los jóvenes del pueblo, se tiraba de la parte mas alta del barranco para ver si alguien le felicitaba, aunque se jugara la vida nadie se daba cuenta, miraban para otro lado.

Le gustaba mucho Mónica, pero ella no le hacía caso. En el cine llegaba pronto para procurar sentarse a su lado, pero en el último momento se sentaba alguien entre los dos. Cuándo intentaba sacarla a bailar le daba calabazas, disimulaba con una fugaz sonrisa en los labios, aunque a veces reía mostrando su boca deliciosa y dientes perfectos´.

Un atardecer todo el grupo de amigos salían del cine, una voz propuso tomar una copa en un bar conocido del pueblo mas cercano, todos asintieron y sin mediar palabra todos se apresuraron a distribuirse en los coches, por las prisas Mónica subió en su coche por un descuido y a él se le cortó la respiración, puso en marcha el motor y arrancó rápidamente, no fuera que se lo volviera a pensar al verle a él de conductor y se bajase del mismo.

La tensión se podía cortar con un cuchillo afilado. Tuvo suerte en la radio sonaba "Come Away With Me por Norah Jones", intencionadamente salió de la circunvalación para tomar el camino mas largo, Mónica no decía nada, parecía que disfrutaba de la música en medio de la negrura de la noche.

El estaba disfrutando de aquella situación, estaba intentando reunir fuerzas de flaqueza para declararle que sentía cosas ahí dentro y decirle todo lo que albergaba en su mente y necesitaba decirle, pero se acabó la canción, llegaron al bar y no tuvo el valor necesario para decirle nada, cuando bajaban las escaleras antes de entrar, pensó para sus adentros "¡Ahora o nunca!".

- ¡Mónica, estoy completamente enamorado de ti!

- ¿Qué dices? ¿Qué, qué de quién?

Notaba y sentía como siempre, que ella le ignoraba.

-¡Por favor, escúchame por una vez, lo que te digo es importante!

La coge por el hombro con fuerza, quería que se le enfocasen bien sus ojos con los suyos.

-¡No te puedo sacar de mi mente!

Mónica forcejea asustada para liberarse de las manos que la tienen sometida.

- ¡Te quiero!¡Te quiero mucho! ¡Me gustaría mucho que tu también me quisieras!

Ella consigue liberarse bruscamente y cae rodando por las escaleras con tan mala suerte que su nuca golpea en la huella de mármol del último escalón, mojando de rojo oscuro el espacio bajo el que ocupa su bello rostro.

- ¡Mónica, Mónica! ¡Responde!

No responde y se da cuenta que no respira. De lo mas profundo de su garganta le sale un grito tan punzante como silencioso. 

-¡No, No por favor … !

El resto de amigos, que ya estaban dispuestos en la mesa, al oír el golpe seco giran todas sus miradas y ven a Mónica, extendida e inmóvil al pie de las escaleras. Se levantan de golpe, corren, gritan y la rodean …

Él plantado, inmóvil en el rellano superior, paralizado en shock, se mira las manos vacías y culpables.  

- La he matado. ¡La he matado yo, con estas manos!

Alguien llamó al 112, todos están excitados y no saben que hacer. Los primeros en llegar los sanitarios del SAMUR, agachados sobre el cuerpo inerte lo examinan rápidamente y mueven negativamente con resignación la cabeza. Llega la policía y disuelven la multitud que rodea el cuerpo sin vida.

- ¿Qué ha pasado? ¿Alguien ha visto algo? ¿Quién estaba aquí?

- Resbaló.

- Cayó escaleras abajo.

- Nosotros venimos del Cine.

- Seguro que ha resbalado.

- Acabábamos de pedir la bebida.

- ¿Puede ser que haya resbalado?

- ¡ Yo no he visto nada!

Todos los presentes dan su opinión y nadie se dirige a él, abatido, afligido, confuso y desconcertado, desde el rellano de las escaleras, le sale un hilo de voz triste y temblorosa.

- ¡He sido yo! ¡He sido yo!

Pero como siempre nadie le escucha, Saca fuerzas de donde no se sabe donde, ahueca la voz y grita con todas sus fuerzas.

- ¡He sido yo! ¡He sido yo!¡Con estas manos!

Pero como siempre nadie le hace caso.

Es invisible … Y no puede evitarlo.




viernes, 11 de septiembre de 2020

Lo conocí por casualidad, buscaba trabajo y tenía los ojos llorosos, las administrativas de las empresas en donde presentaba sus curriculums, tenían serios problemas para abrir archivos, utilizar el Excel y manejarse con soltura entre las redes sociales, le fastidiaba la ineptitud de los que le rodeaban, su capacidad estaba muy por encima de los entrevistadores, dominaba como pocos la informática.

El caso es que me fascinó desde el primer momento su lectura de las situaciones, sabía sacar partido de todo, de modo que no le conté que yo ya tenía un buen trabajo y le acompañé a que encontrara el suyo, quizás yo podía aportar una visión mas terrenal.

                                                                ... ooo 0 ooo ...

Quedamos en aquel lugar, cada uno con su vehículo, imposible encontrar aparcamiento de modo que nos metimos en un parking subterraneo, era interminable bajabamos planta trás planta, un coche detrás del otro, hasta que encontramos en las profundidades subterráneas un lugar para ambos.

Yo estaba perdido pero él me condujo a través de una serie de pasillos y puertas metálicas, por el interior del edificio, los sensores de alarma parpadeaban pero no acababan de dar la señal acústica, pasamos al lado de unos operarios que trabajaban distendidos y por fin nos encontramos con una puerta cerrada con un código que nos llevaba al exterior, no le costó ni dos minutos descifrarlo y abrir, era una parte de la ciudad entregada al juego y las luces, tragaperras y casinos por todas partes, una vez allí siguió con su tarea inacabable de buscar un empleo, eso si quejándose de la ineptitud manifiesta de los que debían contratarle, un bucle sin fin que ya empezaba a cansarme.

En un momento de despiste desapareció, respiré aliviado, pensé que ya lo había perdido para siempre pero apareció ahi sentado jugando a cartas entre 5 hombres, apostando unas fichas doradas,  reían y perdían sin parar, se amontonaban las piezas en su lugar, ganaba una gran fortuna, pero esas fichas eran muy voluminosas por lo que tuvo que comprar un saco para meterlas todas, seguimos paseando mientras el llevaba el gran saco buscando un cajero para canjearlas.

No se como entramos en el parking de nuevo y otra vez el lío de puertas, como él aparentemente dominaba aquel endiablado laberinto me hice cargo yo del saco de monedas.

Fuimos abriendo y cerrando puertas hasta llegar a aquella interminable escalera de mano fijada a la pared, en cada escalón había un rectángulo con un color, al lado figuraba su código y su nombre, era como un inmenso catálogo en el que había que escoger subiendo por aquella maldita escalera de mano.

... ooo 0 ooo ...

Nada tenía sentido, estaba con aquella inmensa bolsa llena de monedas detrás de él en aquella maldita escalera de mano, encaramados entre dos pisos, hasta que se paró y paralizado se quedó mirándo aquella placa con aquel color plata, diferente a todos.

Se formó un atasco en la escalera de mano, los operarios que subían detrás nuestro, dejaron de estar en silencio y empezaron a protestar, pues no parecía que fuera a salir de su ensimismamiento, la amplitud de la bolsa de las monedas no permitía el paso.

- Por favor avanza, hay un atasco en la escalera

Dije, pero su rostro estraba perlado de gotas de sudor, llevaba un vestido femenino colgado del hombro y seguía paralizado mirando el color.

Desde arriba unas mujeres bien ataviadas, estaban buscando un color desde arriba, pero reían y disfrutaban de la escena, mientras bajaban por la escalera.

Mi abultada bolsa de monedas, impedían que nadie nos adelantase en aquella minúscula escalera, de modo que hice una señal para descender, aquella maldita bolsa aparte de incómoda pesaba lo suyo.

Él se aferraba crispando las manos a la escalera con su rostro enganchado a aquél color como si alguien al dejar de mirar pudiera quitarselo. Los operarios con grandes dificultades pasaron por encima de su cabeza y desaparecieron, entonces él siguió pegado, las mujeres también bajaron con gran dificultad, esquivando su cuerpo, una vez abajo el bajó lentamente, era obvio que todos mirabamos ese color.

- Podeís escoger cualquier otro color, es obvio que este color ya tiene dueño.

Pero claro despúés de aquello las chicas solo miraban la chapa con aquel plateado excepcional, entonces el bajó lentamente.

Una de ellas exclamó:

- Fijaros, pero si lleva una falda de volantes como la que me gusta a mi

El se levantó la falda y apareció una seductora falda de volantes y encajes blanco, que destacaban sobre unas piernas bronceadas y perfectas en unas caderas estrechas y un vientre plano, al ver su rostro con los rizos dorados me di cuenta, podía pasar perfectamente por una mujer, mi amigo era un andrógino de manual.

Las mujeres estaban fascinadas, mientras en un instante èl pasó a ser ella al colocarse un vestido playero, en lugar de su falda con volantes, que se quitó con destreza allí delante dejando al descubierto sus atributos, las mujeres se las veía muy adineradas y evidentemente el ya tenía un plan para sacar partido de la situación ... 



    


lunes, 24 de agosto de 2020

Era un juego fácil con que entretener las horas muertas, en que se veía sumergido, obligado a permanecer en las salas de espera de los aeropuertos. Era sencillo, se trata de sentarse cerca de cualquier persona elegida al azar y que también aguarda la salida del avión. Tan cerca como se permita observar todos los detalles de la vestimenta y tan lejos para no incomodar con la presencia, un equilibrio entre los dos mundos, análisis de accesorios, equipaje de mano que pudiese llevar consigo, periódico, noticias que lee, libros, todo está permitido, con estos ingredientes se confecciona un retrato robot de dicha persona y la historia presente que lo relaciona. Fragmentos de alguna conversación por el móvil son admitidos, a pesar de sólo disponer de la parte hablada del 'espiado', su volumen, tono, acento, dicción y la parte de lenguaje no verbal complementan la diagnosis final, con elementos adicionales con los que con una dosis de imaginación, queda inventado un personaje, con profesiones e incluso, estados anímicos, con un tanto de probabilidad de alejadamiento de la realidad, pero la escasa posibilidad de acierto.
Como estás haciendo tu amable lector con este pequeño fragmento introductorio, sobre el protagonista y cómo no con el autor.


Aquella mañana UNO se había fijado en un hombre de mediana edad, unos cincuenta o cincuenta y cinco años, algo calvo, con abundantes canas que había ocupado un asiento en el banco opuesto, casi enfrente suyo. El hombre vestía un traje color marrón y una camisa crema con corbata, iba bien perfumado, sus caros zapatos de piel eran asimismo marrones y aunque en conjunto su vestimenta parecía de calidad, el estado en que se hallaban las prendas denotaba un cierto descuido, como la persona que hubiese realizado un viaje de ida y vuelta en la misma jornada y no se hubiese podido cambiar en muchas horas, arrugas en los pantalones, la corbata no estaba bien anudada y en el borde del cuello de la camisa se adivinaban rastros de suciedad.
Se le notaba un tanto inquieto. Agitado. Leía absorto unos papeles que sacaba de un gran sobre blanco, cuyo membrete no alcanzaba a distinguir desde aquella distancia prudencial, los introdujo, una vez leídos, en una vieja cartera de piel, que mantenía abierta a su lado. En un momento determinado se echó  hacia atrás, recostando su espalda en el banco, cerró los ojos y suspiró largamente. Parecía meditar sobre el contenido de aquellos papeles, como si lo escrito en los mismos le hubiese dejado impactado.
En un momento dado abrió los ojos, como si despertase de un mal sueño y se le quedó mirando fijamente, UNO se sintió incómodo, como si hubiese sido descubierto en su secreta observación y apartó la vista, enfrascándose en la revista que tenía en sus manos. Le siguió observando a hurtadillas, mientras cambiaba de posición fingiendo buscar mejor iluminación para la lectura. Se disponía a continuar con el juego cuando anunciaron por la megafonía el embarque del vuelo. Se levantó sobresaltado y recogiendo su maletín se dirigió hacia la zona de salidas.
El teléfono portátil del hombre sonó en el momento en que UNO pasaba frente a el.

Hacía ya un buen rato que DOS se sentía observado por el desconocido que se sentaba frente a él. Comenzaba a incomodarle la actitud de aquel individuo, al que no recordaba haber visto jamás. La información que acababa de leer le había sumido en una gran agitación. Se daba cuenta de que, no por menos esperada, había quedado muy impresionado por la confirmación de sus sospechas. ¿De qué manera su futuro inmediato se vería alterado por el significado de los documentos que contenía aquel sobre y que guardaba celosamente en la cartera?
De pronto UNO se levantó y pasó junto a él.
El teléfono móvil de DOS sonó en ese momento y éste contestó a la llamada.
-¿Diga? ¡ Ah ! Eres tú, TRES. 
- ----     ----     ---- ----
-No. No estoy en la ciudad. Pero regreso hoy mismo. Esta noche. 
- ----     ----     --
Creo que lo mejor será que nos veamos mañana en la oficina. Yo también tengo que comunicarte algo importante. Hasta mañana. Buenas noches.
Se guardó distraídamente el teléfono en el bolsillo y tomando la cartera se dirigió cansinamente hacia la puerta de embarque de su vuelo, que hacía unos momentos habían anunciado.
Mientras entregaba su tarjeta, advirtió que el hombre que le observaba en la sala de espera se hallaba entre los pasajeros que compartirían su destino.

TRES colgó el teléfono y se reclinó en la butaca del despacho. Repasó mentalmente la breve conversación que había mantenido con DOS,  tratando de imaginarse cual sería el asunto de importancia que aquel le había anunciado tratarían al día siguiente. Las cosas en la empresa no funcionaban ni medianamente bien en los últimos tiempos y pensó que tendría algo que ver con el bache que atravesaban. No acababa de comprender bien aquel repentino viaje de su socio. Normalmente planeaban juntos los desplazamientos de cada uno para cubrir adecuadamente los asuntos de la oficina, pero, en aquella oportunidad, DOS había viajado a la capital sin advertirle y sin darle la más mínima explicación de los motivos del viaje.
En aquel momento llamaron a la puerta del despacho y su secretaria le anunció la visita de CUATRO, la esposa de DOS.
TRES rodeó la mesa y acudió a recibirla, en presencia aún de la empleada, que mantenía la puerta abierta. La saludó cortésmente tendiéndole la mano, que CUATRO estrechó. En cuanto quedaron solos, la mujer le abrazó y le besó apasionadamente.

-Por favor, CUATRO 
Dijo mientras la apartaba suavemente
-Debemos ser prudentes. Mi secretaria puede entrar en cualquier momento.
CUATRO se sentó nerviosamente en una de las butacas, mientras encendía un cigarrillo.
-Perdóname 
-Necesitaba verte. DOS ha desaparecido. Anoche no durmió en casa. 
-Tranquilízate. Acabo de hablar con él y regresa esta noche. También yo he estado preocupado, pero, al parecer,  ha debido efectuar una gestión importante en la capital. No me ha adelantado nada. Sólo que mañana nos encontraremos en el despacho para hablar del tema que, al parecer, es importante.
DOS y TRES  compartían aquella empresa. DOS, bastante mayor que éste, la había fundado unos años antes invirtiendo en ella todos sus conocimientos, su entusiasmo y casi todo el patrimonio de su mujer. TRES aportó su recién estrenado título y su ambición. Gracias al esfuerzo de DOS, el negocio floreció rapidamente aprovechándose de la favorable coyuntura y de las múltiples relaciones de TRES, que abrieron puertas infranqueables para su socio, que se dejó llevar hasta límites que rozaban la ilegalidad. El enriquecimiento fue cuestión de pocos años. La caída que se barruntaba podía ser cuestión de meses, incluso de días. Por aquellas fechas, además de las numerosas deudas, compartían también a CUATRO.
TRES necesitaba, aunque hastiado ya, continuar su relación con aquella hermosa mujer, aburrida y desencantada de su matrimonio, que le había permitido convertirse en socio de la empresa sin aportar ni un céntimo, gracias a la influencia de CUATRO sobre su marido.

CUATRO ignoraba por completo la situación económica por la que atravesaban, notaba que ni a DOS ni TRES les interesaba que ella conociese la misma pero ella no comprendía el giro espectacular del negocio que había incrementado su nivel de vida y aparentemente su cuenta bancaria crecía con alegría. 
No le importaba sentirse ignorante pues su capital se incrementaba considerablemente, conocer a TRES un hombre joven e inteligente que la salvó de la monotonía y falta de pasión de DOS y por otra parte al hacer cosas prohibidas recuperaba su juventud. Pensaba que era imposible que DOS conociese su lío con TRES pero le daba miedo pensar en ello.

-Estoy más tranquila 
Dijo levantándose de la butaca y disponiéndose a salir
-Pero es que últimamente noto a DOS muy extraño y a veces pienso que sospecha algo de lo nuestro. Le besó suavemente en los labios
-¿Nos veremos mañana? 
-Por supuesto 
Respondió TRES tomándola del brazo y acompañándola hasta la puerta
-Donde siempre.

UNO había recibido un completo dossier con la información exacta  sobre el trabajo que debía efectuar. Así pues, conocía perfectamente que las personas que debía eliminar, se encontraban en aquel hotel, donde se veían regularmente todos los jueves por la tarde. Conocía, así mismo, el número de la habitación. El trabajo que habían realizado sus intermediarios era perfecto. Así daba gusto. Trabajos limpios y sin complicaciones. Sin sobresaltos inútiles.
Con un maletín en la mano, cruzó decididamente el "hall" y se dirigió hacia los ascensores, consciente de que no llamaría la atención, confundido entre las numerosas personas que, a aquellas horas, poblaban el establecimiento. Solo en el ascensor y mientras subía, extrajo de su portafolios aquella sofisticada pistola desmontable y ligera que había adquirido unos años antes y que nunca le había fallado. Ajustó a la misma el silenciador y la ocultó en el bolsillo de su abrigo. Saliendo del ascensor, comprobó que no había nadie en el pasillo. Frente a la habitación, sintió el tacto de la culata en la mano dentro del bolsillo, llamó suavemente.

-Servicio de habitaciones 
Anunció. 
-Un momento, por favor 
Respondió al cabo de unos segundos la voz de un hombre.
TRES abrió la puerta, envuelto en un albornoz blanco. El ruido del disparo, amortiguado por el potente silenciador, fué un chasquido apenas audible. Un pequeño orificio creciente de color carmín apareció en su frente y cayó de espaldas sobre la gruesa moqueta. UNO le puso la mano en el cuello, comprobó que no tenía latidos y escuchó atentamente. CUATRO apareció de pronto en la puerta del cuarto de baño, con una toalla alrededor de su cuerpo.
-¿Quién  era ....? 
La respuesta quedó incompleta.
El disparo la alcanzó en el corazón. Cayó al suelo con una ligera convulsión. La remató con un segundo disparo en la sien.
UNO comprobó que no había dejado huellas, desmontó el silenciador y guardó la pistola en el maletín. Al salir de la habitación colocó en la puerta el cartel de "no molestar". 
Trucos muy útiles para ganar algo de tiempo retrasando en lo posible el descubrimiento de los cuerpos y tomando de nuevo el ascensor, descendió directamente al garaje del hotel, donde horas antes había aparcado su vehículo de alquiler con nombre falso. Así le gustaban los trabajos: limpios y sin complicaciones, sus clientes sabían que era el mejor. Ahora solo le quedaba cobrar por su trabajo impecable y regresar a casa. Aquella misma noche.

DOS contemplaba la ciudad a través del amplio ventanal de su despacho. Con actitud sombría repasaba mentalmente los últimos acontecimientos. La tumultuosa entrevista que se había producido horas antes en aquella misma habitación. No dejó apenas opción a que TRES intentase explicarle las últimas operaciones que habían abocado a la empresa hacia una quiebra irremediable. Las múltiples irregularidades, los sobornos, los falsos documentos contables, puestos ahora al descubierto por alguno de sus más importantes clientes, no tenían justificación posible. Y luego estaba lo de CUATRO, su mujer. ¿Como habían podido traicionarle así?  Era el fin. De su empresa de su matrimonio y de su amistad. Que asco de vida. En unas horas todas sus ilusiones se habían venido abajo. Meditabundo, se sentó en su mesa y volvió a leer aquellos informes que había recibido en su viaje a la capital.
Su secretaria le anunció la visita que estaba esperando.

UNO entró en el despacho y al reconocer a DOS como el hombre al que había estado observando, víctima de su pasatiempo, en el aeropuerto, se estremeció vagamente. También DOS hizo un amago de reaccionar ante aquella curiosa coincidencia. Ninguno de los dos hizo mención al hecho de su fortuito encuentro.
-Bien 
Dijo DOS
-Si como me han confirmado, el trabajo ha sido realizado como se acordó con su intermediario, no me resta más que pagarle. 
Depositó sobre la mesa un grueso sobre repleto de billetes.
-Le ruego que lo cuente.
En silencio UNO contó los billetes y al finalizar se dirigió por primera vez a DOS.
-Es más de lo acordado 
-La cantidad que sobra servirá para pagar el resto del encargo 
Contestó DOS
-Esta última parte es una petición mía directa
UNO arqueó las cejas
-Acaban de diagnosticarme una enfermedad incurable y me han confirmado unos pocos meses de vida. Días sólo antes de que aparezcan los dolores. Sinceramente prefiero una bala a la morfina. Le miró fijamente a los ojos
-Acaba de demostrarme que usted es un profesional excelente. Sé que me ayudará 
Y le tendió la mano.
UNO  dudó unos instantes, mantuvo la mirada y finalmente estrechó la mano que se le tendía.
-Gracias 
Dijo DOS.
oooOOOooo

Era un juego fácil con que entretener las horas muertas, en que se veía sumergido, obligado a permanecer en las salas de espera de los aeropuertos. Era sencillo, se trata de sentarse cerca de cualquier persona elegida al azar y que también aguarda la salida del avión...

jueves, 21 de mayo de 2020

- ¿Se puede saber que haces?
- Quiero invitarte a algo.
- ¿Invitarme? ¿Acorralarme en el baño y encerrarme aquí es una invitación? ¡Apártate por favor y déjame salir de aquí!.
- Soy cliente de este local, no seas estúpida conmigo, solo quiero que te sientas bien.
- ¿Pero tu eres gilipollas? ¡Haz el favor de apartarte de la puerta!



Era la encargada de la barra de la terraza, su trabajo consistía en llevar el cambio, controlar el dinero de las cajas y formar los espectáculos de las 'gogos', estaba acostumbrada a tratar con clientes ligeramente bebidos. 
Alvaro se encargaba de su seguridad,  "mi guardaespaldas preferido" así gustaba llamarle, un cuerpo fibroso de casi dos metros, cabeza afeitada, a pesar de unas facciones muy duras, siempre le dedicaba una sonrisa cómplice, como diciendo: "No te preocupes estoy aquí", su sola presencia le daba seguridad en la noche.
Una de esas veladas, mientras él atendía una llamada por el auricular aprovechó la ocasión para ir al baño. Cuando se estaba lavando las manos un tío al que conocía de vista, cliente asiduo que solía dejar muchas consumiciones, tan enormemente grande como pesado, después de afirmar una y otra vez, noche trás noche, que no iba a ser suya nunca, pero con la paciencia y educación que requería su puesto excelentemente pagado ...
Se coló dentro del baño de las mujeres. Cuando se quiso dar cuenta se sintió levantada como una pluma por detrás, de malas maneras la había metido en uno de los pequeños habitáculos del baño.

- ¡Escucha ! Estate calladita si no quieres que me enfade contigo.
Bramó. Ella estaba furiosa, le miró a los ojos con cara de desprecio.
- Me importa un bledo que te enfades conmigo, déjame salir ahora mismo, tú y yo no tenemos nada que hablar y menos de esta forma.
-¡Que te calles de una puta vez!

De un salto se interpuso entre la puerta evitando que pudiera salir. El miedo empezó a invadirla aunque la furia y rabia se fundían en su interior. Debido a su larga experiencia en las relaciones con clientes desfasados, analizó rápidamente sus opciones, o forcejear como una loca e intentar salir, imposible puesto que su cuerpo era la tercera parte del suyo ... o mejor no enfurecerlo más y esperar una oportunidad. Él sacó de su bolsillo trasero una cartera, de ella una bolsita blanca, cogió una tarjeta de plástico, colocó la cartera encima de la tapa del inodoro, abrió la pequeña bolsita y tomó una pequeña cantidad de cristales de cocaína, usó su tarjeta de crédito las fue deshaciendo hasta alinearlas, sonriendo maliciosamente levantó su mirada hacia ella.
Estaba terriblemente asustada mirando fijamente lo que hacía mientras la tenía empotrada contra la pared obstaculizando la puerta para que no pudiera irse.
Construyó dos pequeñas rayas blancas con el polvo obtenido. Se incorporó y pasó la tarjeta por la boca de ella, apartó la cara a destiempo pero un polvo blanco ya había impregnado sus labios, al humedecer sus labios con la lengua una amargura recorrió su garganta e hizo que su lengua perdiera su sensibilidad.

- Me gusta mucho tu lengua pequeña....
Le susurró al oído dejando el rastro de una peste a alcohol que tumbaba. Sacó de su pantalón un billete de 50 €... lo enrolló cuidadosamente.

-¡Toma, esnífa! es muy buena.
- Ya sabes que no me drogo, no quiero.
- Alguna vez tendrás que probarlo... te gustará, no seas niña y esnífa.

Con el billete ya en su mano le miró e imploró con lágrimas en los ojos.
- ¡Por favor, no quiero meterme esa mierda!
- ¡Mira, ya me has cansado! ¡Estoy harto de ser bueno contigo y no recibir nada más que rechazos he insultos por tu parte! ¿Acaso crees que alguien te va a tratar mejor que yo? Además cuando a mi se me antoja una mujer... la consigo y punto. Así que ¡ponte el billete de una puta vez en tu nariz y esnífa!

Su voz empezó a quebrarse... sus ojos le miraron con odio y miedo y las lágrimas se escaparon sobre sus mejillas, no pudo evitarlo. El se ablandó aparentemente, secó las lágrimas con sus grandes dedos y la abrazó mientras susurraba.

- No llores mi pequeña, jamás te haré daño... mientras seas buena conmigo.

En ese momento ella recordó que de su minifalda colgaba el interfono que le mantenía en contacto toda la noche con Alvaro. Tenía tres botones. Uno para llamarle, otro para que ella le hablase a él y otro... para caso de emergencia. 

Levantó la mirada y miró fijamente a su "secuestrador" e intentó poner en su boca las palabras mas dulces que su estado le permitía.

- Lo siento, soy una desagradecida. Le lanzó una sonrisa y empezó a besarle... lamío sus labios con su lengua todo lo húmeda y suave que pudo aguantando el asco que le producía. Le acarició la cara con gesto de ternura.

- Soy tonta, nadie mejor que tu va a cuidar de mi, (Solo con el hedor que salía de aquella garganta oscura una sensación de asco recorrió todo su cuerpo), pasada la sorpresa inicial, la abrazó tan fuerte que estuvo a punto de ahogarla y sin que él se diera cuenta... acercó su mano lentamente al interfono y apretó el localizador.

Cogío el billete y se puso de rodillas delante de la tapa del retrete, giró la cabeza hacia arriba y le sonrió timidamente a lo que él contestó con una sonrisa impregnada en cocaína y alcohol. Esnifó la raya de cocaína y la sintió recorrer todo su cuerpo hasta entrar en el estómago como un cuchillo afilado, originando en ella una pequeña arcada, al incorporarse su sensación de angustia llegó al límite, cuando vió que se había bajado el pantalón y tenía su enorme polla fuera.

Empezó a temblar en su interior, intentando que no se le notara, un mareo se añadió a las arcadas y le pareció entrar en un vacío que se adueñaba de su mente, con un hilo de voz le replicó.

- Tranquilo, métete tu raya, tenemos toda la noche.
Se llevó la mano a su imponente falo y me hizo saber lo orgulloso que se sentía de su cambio de actitud y el 'regalo' que le esperaba por haber complacido su deseo. Se arrodilló ante la taza, haciendo que yo quedara incrustada entre la cisterna y la pared. Una voz al otro lado de la pared se oyó la voz grave de Alvaro.

- ¿Olivia?
- ¡Estoy aquiiiiiiiiiiiiiii!!!

Gritó mientras los nervios se apoderaban de ella y sus ojos estallaron en lágrimas.

- ¡Cállate puta del demonio!.
Se incorporó y rápidamente tapó mi boca.
- ¡Está ocupado joder no molestes!

Gritó con fuerza. En ese momento ella reaccionó y con toda su rabia contenida le metió un rodillazo en toda la polla que le colgaba haciendo que su mano se la llevara a su entrepierna y dejando su boca libre.

- ¡Alvaroooooo ! ¡Estoy aquííí!
- ¡Aparta, furcia!

Rápidamente la incrustó contra la pared mientras él se incorporaba y le cruzó una bofetada que hizo salir de ella un grito inmenso mientras le ardía la mejilla.

-¡ Hijo de putaaaaaaaaaaaa !

Sintió de nuevo un fuerte golpe que la hizo caer al suelo ya que sus piernas temblaban y no aguantaron el peso. Un fuerte golpe se oyó en la puerta, otro y otro más, él la cogió del cuello y la levantó en vilo dejando su cuerpo suspendido en el aire. Sonó un terrible estruendo que hizo que la puerta cayera encima de él... soltando el cuerpo de ella y que fue a parar de nuevo el suelo.

Una luz la iluminó cuando vió a Alvaro allí, a pesar de la situación se sintió increiblemente segura, apenas pudo ver como se abalanzó sobre su verdugo, le propinó una patada en el estómago, sonó como un saco y se quedó tumbado, sobre si mismo, en posición fetal sin poderse mover. Alvaro por fin la cogió en volandas, una flotando entre sus potentes brazos, la levantó como si no hubiese gravedad sacándola del habitáculo. Viendo sus ojos impregnados en lágrimas y su cara roja por las bofetadas que aquel cabrón le había dado, la miró a los ojos y ella vió como algo insólito le pareció ver una lágrima brillante entre aquellas facciones tan duras.

- Mi pequeña. Ya ha pasado todo. Ya está todo bien. No quiero verte llorar mas.

La abrazó fuerte y la cogió en sus brazos ya que sus piernas no reaccionaban. La miró a la cara y secó sus lágrimas mientras le daba un beso la nariz casi con miedo, otro, otro y luego le pasó la lengua por la nariz  Ella le miró extrañada, él nunca había hecho eso, la soltó y la metió en el retrete de al lado, antes de cerrar la puerta.

- Quédate aquí, no te muevas.
Cogió el intérfono y avisó a sus dos compañeros.
- ¡Venir al baño de la terraza!

Jamás nadie le había oído dar una orden así, aun siendo el jefe de seguridad, siempre hablaba con dulzura a sus compañeros. Sus pasos se acercaron al retrete de al lado. Se podían sentir sus zancadas fuertes pisando el suelo. Ella sintió de repente caer en otro mareo era como si de repente toda la rabia le hubiera salido a flote, una voz atronadora sonó en los lavabos.

-¡¿La has drogado?!
Se oyó un golpe seco.
-!Dime hijo de puta! ¿La has drogado? Se oyó como Alvaro golpeaba algo, a cada golpe un gruñido, se le oyó llorar por primera vez, se oyó como su voz normalmente imperturbable temblaba de rabia.
-Ahora vas a saber lo que es estar drogado.

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